Una sociedad sana valora la diversidad

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Considerada la célula principal de la sociedad, la familia tiene la tarea de proveer cuidado, afecto, educación sexual, elementos de socialización y estatus o nivel social. Su designio es preservar y transmitir rasgos, aptitudes y pautas de vida; y esta es la razón por la cual se le reconoce como vínculo entre la sociedad y el individuo.

No hace mucho, el único modelo familiar aceptado como saludable era el de familia nuclear, éste se caracteriza por ser heterosexista (constituida por hombre y mujer), de unión preferentemente en matrimonio para toda la vida, y con fines reproductivos; viviendo bajo el mismo techo y manteniendo relaciones en armonía. Este sistema inmutable coloca a los varones con autoridad valorada sobre las mujeres, niños/as, adultos mayores, personas con discapacidad y otros dependientes económicos; y es este molde alrededor del cual giraban todos aquellos conceptos y definiciones sobre “familia”.

La familia y la sociedad tienen una relación de mutúa afectación. Como consecuencia de transiciones demográficas y epidemiológicas, el deterioro e inestabilidad económica, y el intercambio cultural por la globalización, en los últimos cincuenta años, se inició un proceso de transformación de la familia:

1. Cada vez es menor la cantidad de matrimonios religiosos y civiles, es decir, existe mayor cantidad de uniones libres.

2. Hay un incremento de las familias de doble ingreso y las personas han intensificado su trabajo mediante la obtención de trabajos adicionales pues el ingreso único del padre como proveedor es insuficiente.

3. Se puede observar el crecimiento de hogares con jefatura femenina. Esta tendencia está constituida por mujeres solteras, viudas, separadas y divorciadas y amas de casa que pueden tener un salario mayor al de su pareja, formar parte de una pareja homosexual o tener un arreglo de convivencia diverso.

4. Gracias a la aceptación del uso de métodos anticonceptivos, existe una reducción del tamaño promedio de las familias, pasando de más de 6 hijos a 2 o 0 en los últimos años.

Así es como poco a poco se han visibilizado otras formas de familia además de la nuclear. Ordaz, Monroy y López (2010) las describen como hogares; entendiéndose a éstos como grupos que comparten una vivienda, un presupuesto común y actividades cotidianas, que además pueden o no estar ligados por lazos de parentesco. Esta clasificación más variable e incluyente diferencia entre hogares familiares y no familiares; dentro de los familiares se encuentran los nucleares, los compuestos, los extensos o ampliados y dentro de los no familiares se incluyen los unipersonales y corresidentes.

A pesar de esto, aún en pleno año 2019, en el imaginario colectivo se alberga la idea de familia nuclear como ideal y meta de vida. Las narrativas mediáticas son en parte responsables de este fenómeno, pues destacan imágenes de este modelo cargadas de armonía y felicidad infinita, lo que se suma a la educación tradicional. Esta visión tiene grandes consecuencias en lo cotidiano y en la felicidad o sensación de satisfacción personal.

Al comparar la imagen de familia en la televisión con la que se tiene en casa, se corre el riesgo de tener una sensación de fracaso (Por ejemplo, al no tener a la familia reunida alrededor del árbol navideño con muchos regalos).

Otro aspecto que influye en las personas, es que la sociedad estigmatiza a quienes no cumplen este modelo, ya sea por vivir en un hogar monoparental, homoparental o unipersonal. Ejemplos de esto son comentarios como: “tienes a una mamá y papá a la vez”; “¿Quién de las dos es la mujer y quién es el hombre en la relación lésbica?”; “¿Vives sola? ¿Has de ser la loca de los gatos y lesbiana?” “¿Cómo que no quieren tener hijos? Aunque sea uno, no sean egoístas”, entre otros.

El reconocimiento como buenos y deseables a todos estos agrupamientos de individuos en familias u hogares que en realidad existen desde siempre, dando valor a sus fortalezas, como la cohesión y las redes de apoyo es lo que permitirá una sociedad más libre y por lo tanto saludable. La vía es defender el derecho a ser diferente con las diversas razones y formas de ser feliz, y no comprar estereotipos.

Después de todo, lo importante de la familia es que cumpla sus funciones de proveer, apoyar, dar amor, compañía y lo que cada uno/una necesita, tan lejos o cerca como se sienta cómodo. Así que en conclusión, las familias diversas son saludables siempre y cuando cumplan su cometido.

Cortés, F. (2000). La distribución de ingresos en México en épocas de reforma económica CIESAS-Miguel Ángel Porrúa, México.

Esteinou, R.(2007). Fortalezas y desafíos de las familias en dos contextos: Estados Unidos de América y México. Publicaciones de la Rosa Chata. México.

Membrillo, A. (2008). Familia: introducción al estudio de sus elementos. Editor de textos Mexicanos: México.

Ordaz, G.; Monroy, L. y López, M. (2010). Hacia una propuesta de política pública para familias en el Distrito Federal. México: Mc editores.

Ordaz, G. (2013). Familias y contextos: continuidad, cambios y transformaciones. Clase en Facultad de Psicología, UNAM. Distrito Federal.

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