Sufrir por amor

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Existen múltiples estudios sobre la dependencia emocional que prometen aclarar definición, características, dimensiones, origen, consecuencias y hasta patologías relacionadas. Lo cierto es que tanto autores como individuos que la experimentan expresan que se puede sufrir por amor.

La dependencia emocional es una forma característica de relación. Incluye pensamientos, creencias, sentimientos y comportamientos que giran alrededor de la necesidad de interactuar y confiar en la valoración de otras personas[1], de modo que influye en la visión de uno mismo.

Depender emocionalmente de la pareja puede incluir una intensa necesidad de cercanía, protección y apoyo, incluso en situaciones en las cuales la persona es capaz de funcionar de manera autónoma.

Sorprende descubrir como en algunas ocasiones, esta asimetría de roles genera tal intensidad de afecto y enganches afectivos que se funda una tendencia un tanto toxicofilica. Incluso algunos autores declaran que las manifestaciones de la dependencia emocional se asemejan a las de una adicción, produciendo inevitablemente síntomas de craving y síndrome de abstinencia (oscilando entre el anhelo intenso y la ansiedad por ausencia). Esto genera una alta dificultad para romper las ataduras, produce una amplia gama de emociones negativas, convierte a las personas en hiperdependientes de las relaciones interpersonales y las lleva a una pseudosimbiosis que representa una sensación de estar incompleto sin el otro.

Valdría tomar en cuenta que una sana relación de pareja debe componerse de la simetría y flexibilidad de roles que activen el sistema relacional al servicio de los deseos y las necesidades de ambos. Debe permitir proveer en comportamientos y actitudes, los cuidados que la pareja requiere, al tiempo que se solicitan los propios.

Las relaciones saludables son complejas porque implican, de inicio, claridad en los deseos y expectativas personales; en segunda, un a veces arriesgado campo minado de comunicación que permita expresar claramente lo resuelto; y finalmente, la ruptura de la falta de equidad proveniente de una cultura sexista que convierte a las mujeres en maravillosas y sensibles cuidadoras, mientras obliga a los varones a tender a la desvinculación emocional. Esta cultura promueve la idea de que la dependencia emocional solo se da en mujeres. Nada más equivocado. Ambos géneros somos susceptibles a sufrir por amor y experimentar dependencia emocional hacia la pareja.

Es importante mencionar que tanto hombres como mujeres son capaces de establecer una buena relación de pareja iniciando con una sana visión y autoconocimiento. Se puede anhelar la cercanía, la protección y la valoración del otro sin inconvenientes, siempre que la primera relación de afecto, protección y valía sea con uno mismo.

1. Hirschfeld et al., 1976; citados en Valor-Segura et al, 2009.

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