¿Soy la misma mujer después de ser mamá?

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«Vivir la maternidad es la etapa más maravillosa de la vida de una mujer.» Eso te dicen muchas mujeres, pero la realidad es que no es tan color de rosa. Tu cuerpo experimenta cambios desde que comienza la gestación de un nuevo ser. El embarazo es como un largo viaje en tren. Pasas por una ciudad de la ilusión donde creas los maravillosos escenarios de lo que será tu vida con tu bebé; a veces haces escala en la estación del enojo que te recuerda lo posesiva y controladora que puedes ser. Sin embargo, el viaje continúa y atraviesas un territorio llamado tristeza, del cual quieres alejarte lo más pronto posible, pues muchos concuerdan con que hace mal al bebé, y tienen razón. Las emociones son reacciones químicas y eléctricas en nuestro sistema nervioso y además, mezcladas con un festín de hormonas son la combinación perfecta para que todo lo que pueda pasar, suceda.

Degustar cada emoción de vez en vez te proporciona un boleto que te trae a la realidad, a un futuro muy esperado pero también desconocido, pues cada vez que eres mamá es diferente y única. Pero ahí no acaba, llega el postparto. De lo que nadie habla, ni siquiera las mujeres más allegadas a ti. ¿Será qué no existe o simplemente es salgo de lo que no debas preocuparte? Es claro que cada mujer lo experimenta distinto, sin embargo, en un punto coinciden y es que el shot de hormonas que habías estado consumiendo se acabó y viene el llamado “bajón”. El cuerpo de una mujer recibe un corte de tajo del suministro hormonal que era indispensable para la gestación y al concluir este periodo, simplemente tu cuerpo se queda con la dosis habitual.

Vivir la maternidad es la etapa más maravillosa de la vida de una mujer. Al menos eso te dicen muchas mujeres, pero la realidad es que no es tan color de rosa.

El postparto generalmente no es una buena etapa. Es el momento de transición donde pasas de ser una mujer embarazada a una mujer que ha tenido un bebé. El periodo suele ser corto, pero te parece una eternidad; las emociones chocan entre sí. Te sientes incapaz de poder cuidar a alguien más, tu mente se llena de dudas y de pensamientos que quizá no imaginaste que podrías tener. Es en ese momento cuando podría instalarse “la culpa”; esa que una vez que se aloja en la sala de tu casa, se apropia del sillón y no tiene intenciones de irse.

Toda este mezcla de pensamientos y emociones son parte del cambio del estilo de vida, pues ahora tu tiempo no solo es tuyo sino que depende de las necesidades de un pequeño; puede ser abrumador, aún más cuando compartes la experiencia en pareja. Generalmente, el hombre suele sentirse desplazado, abandonado y carente de importancia ahora en esta nueva rutina, ya que alguien más es quien rige qué se hace y qué no.

Precisamente en esta etapa de adaptación es cuando la pareja suele experimentar un desequilibrio. Una parte puede sentirse incomprendida y la otra abandonada; una estará enojada y la otra triste, y en algunas ocasiones estarán frustrados pero al mismo tiempo tranquilos. Es parte de redefinirse, ya que ahora además de ser una pareja son papás y han formado una familia.

Tu nueva familia está conformada con personas que han mejorado la versión de sí mismas. Sigues siendo una mujer. Ahora eres una gran mujer que vive un nuevo ciclo, pero que continúa con su esencia que la hace única e inigualable.

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