¿Te sientes solo?

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“La soledad se sufre cuando se te impone, pero si la buscas por ti mismo es un regocijo”. Michel Foucault

El adjetivo solo, deriva del latín solus y se refiere a quien está sin compañía, separado de otras y otros, sin vínculos familiares habituales y sin ayuda.

Psicológicamente la soledad se define como la ausencia, real o percibida, de relaciones sociales satisfactorias, término que surge en el siglo XIII. Se identifican dos tipos:

  • Social, que supone la no pertenencia a un grupo que ayude al individuo, o con quienes comparta intereses y preocupaciones;
  • Emocional, la ausencia de una relación intensa con otra persona que produzca satisfacción y seguridad.

Debido a que a la soledad socialmente se le relaciona con desordenes emocionales y deficiencias en habilidades sociales, suele pensarse como una experiencia indeseada, generadora de angustia y desesperación, o de preocupación para las personas alrededor. Comúnmente se ha considerado un problema clínico que requiere terapia psicológica, y aún más cuando se vincula con alguna problemática como depresión, insomnio, abuso de drogas, ansiedad, ideación suicida e incluso enfermedades cardiovasculares.

Las miradas sociales nacen en la familia, la compañía y el compadrazgo. Es ahí donde se suele considerar que la soledad es un problema, aunque ésta se relacione con la construcción de un  espacio propio. Cancelar un plan con amigos, no visitar a un familiar un día de fiesta o no acudir a alguna fiesta en el trabajo, son ejemplos de lo que podría ser causa de preocupación.

Una puntualización importante implica diferenciar la soledad y el aislamiento; la primera no excluye necesariamente al otro/a, como ocurre cuando un individuo se aísla de los demás. De hecho un individuo puede aislarse sin que perciba la sensación de soledad; así como se puede estar completamente rodeado de personas sin sentirse realmente acompañado. Por lo tanto, no es lo mismo estar solo y sentirse solo: tener muchos amigos no significa no estar solo; la diferencia radica en la intensidad y satisfacción de las relaciones construidas.

Por otro lado el desarrollo social global se ha encargado de promover nuevos órdenes. Autonomía, individualismo, independencia y autosuficiencia son considerados conceptos que dan evidencia de diversas formas de libertad – el ideal del tercer milenio – que por lo que se encuentra en diferentes medios de información, pareciera conquistarse rompiendo lazos sociales y manteniendo un desinterés por lo ajeno. Con esto, no es de sorprender que haya sucedido que cada vez más las generaciones aspiran a estos ingredientes sugeridos para lograr la dicha y la felicidad desde una especie de burbuja impermeable a lo externo. El reto es encontrar un equilibrio, ya que todo ser humano requiere un espacio para escuchar sus propias ideas, su risa no preguntar a nadie su opinión y también conversar, mirarse en el otro y generar nuevas interrogantes en la interacción. A veces vale la pena descansar incluso de las cosas que parecen necesarias para abrir nuevas posibilidades.

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