Sobreviviendo a la crisis en pareja

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En una pareja siempre somos 3. Uno más uno, y nuestra relación. (Ramírez, L.N., 2020)

Es bien sabido que el sistema conyugal constituye la base de la familia y de la sociedad. Lo que poco nos explican es que cumple de manera implícita una función social de dar continuidad -por aquello del legado-, al mismo tiempo que hay que dar solución a las demandas propias de cada pareja, en las que se requiere establecer normas de funcionamiento y de comunicación que deberán ir evolucionando con el paso del tiempo. 

La relación de pareja y sus integrantes estarán expuestos constantemente a diferentes etapas de vida, que implican un consciente análisis para que los ajustes, que necesariamente deben hacerse para su evolución, se produzcan sin tropiezos y sobre todo sin efectos que impacten negativamente a uno, al otro o a la relación. 

Cuando hablamos de “pareja” será importante mantener la claridad de lo que comprende este concepto. Ya que solemos creer que la pareja significa 1+1, o peor aún: “somos uno mismo”, y es tan limitante como problemático concebirla así. En una relación de pareja siempre hay 3 entidades: un individuo + otro individuo + la relación que conforman ambos. Este esquema respeta la individualidad y la independencia, tanto como la pertenencia y la convivencia. 

De modo que, cuando comprendemos que una relación de pareja se ve influenciada constantemente por diferentes aspectos, tanto individuales como exigencias que demanda la misma relación, no es sorpresa corroborar lo compleja que es la supervivencia de la pareja. Y mayormente complejo se vuelve ahora, en estos tiempos, que exigen nuevas medidas de regulación de estímulos, autocontrol emocional, gobernar los pensamientos, administrar el tiempo, dosificar la disciplina, toma de decisiones, actitudes y largos etcéteras. 

La crisis que enfrentamos ha evolucionado a dimensiones desmedidas, no sólo en aspectos de salud y de mermas económicas, sino también a quebrantamientos individuales ante las experiencias y emociones que constantemente nos hacen dudar y nos generan angustia. Difícil parece saber cómo demonios hago para que mi relación de pareja no se rompa, cuando todo lo que hacíamos bien, parece ya tener recompensas, mientras todo lo que hacíamos mal, que en algunos casos estaba velado o escondido, ahora no hay manera de no sorrajárselo al otro en la cabeza.

Para lo anterior, la recomendación para la supervivencia tendría dos matices:

  1. Tiempo de replantearse. Conlleva ir haciendo una silenciosa autoevaluación de todos estos indicadores que supongo que me caracterizan como individuo, que caracterizan a mi pareja y las características propias de la relación en el presente. Es únicamente una valoración que, toda vez pasada la crisis, ayudará para tomar nuevas decisiones del funcionamiento actualizado y saludable. OJO – Es decisión personal, no está sujeta a que el otro quiera hacerlo también, es una tarea individual. 
  • Tiempo de tregua. Supone no suponer nada, ir al día, flojitos al ritmo de cada demanda del momento, dejarse llevar sin tomar decisiones, darse chance, jugar a ser los mejores amigos en un viaje, sin exigencias hacia uno mismo ni hacia el otro. 

La invitación que hago al fin y al cabo es que, por hoy, no se basen en las circunstancias actuales que obligadamente están afectando a todos de múltiples formas, para tomar una decisión de vida. La relación de pareja es lo suficientemente compleja y maravillosa por explorar, como para intentar hacerlo de fregadazo en medio de una crisis, sobre la cual no tenemos control alguno. Es tan inútil como querer establecer el rumbo de una gigante embarcación en medio de una terrible tormenta. 

Dense tiempo, no tomen decisiones definitivas, no aún. Y es recomendable que se acerquen a los especialistas en pareja que podemos ayudarles a establecer las nuevas reglas de juego que requiere en específico su relación, a reparar lo que la tormenta ha fracturado y reconstruir fuertemente una sana relación de pareja, en donde ambos individuos se sientan felices y plenos. 

Nota: Estas recomendaciones no aplican en relaciones en las que hay violencia y/o abuso de cualquier tipo. Para relaciones violentas, que desafortunadamente han aumentado en número y en intensidad, existen otras estrategias terapéuticas de supervivencia. Acércate si fuera tu caso para darte apoyo puntual de inmediato. 

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