¿Ser maestro es un riesgo para la salud mental?

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En México, durante mayo tenemos dos días festivos que resaltan, el de las madres y el de los maestros. Me enfocaré en el segundo, porque el primero estará en boca de todos y a los “profes” nos dejarán un poco en segundo plano, muestra de que en nuestra sociedad mexicana la figura de la madre sigue siendo una cosa intocable, casi teológica, sagrada y central. Por ello no entraré en este tópico. 

Este es un escrito personal, pero no por ello casual, descontextualizado o poco serio. Mi propósito es lanzar un grito de denuncia que nace de la reflexión filosófica. El famosísimo filósofo esloveno Slavoj Žižek tiene un artículo titulado “En contra de los derechos humanos” (2011) donde, en resumen, explica que los derechos humanos universales son una “ficción simbólica” que se utiliza como coartada para intervenciones militares, como sacralización para la tiranía del mercado, como base ideológica para el fundamentalismo y, en general, para la politización progresiva de las actuales relaciones socioeconómicas. 

De algún modo Žižek está haciendo énfasis en el nivel macro, sin embargo, a mí me gustaría llevar su tesis hasta el nivel de lo micro y específicamente al contexto educativo. Algunos profesores hoy sabemos que algunos alumnos pueden hacer casi de todo y que son casi intocables (se amparan en sus derechos universales): suelen levantarse de su lugar sin permiso; decir groserías a sus compañeros o hasta al propio profesor sin tener consecuencias; hacer plagios y tener muchas oportunidades para excentar la materia a pesar de eso; tocarse sexualmente en los contextos menos esperados; no leer ni aunque les paguen; y un número de conductas agresivas o violentas. El profesor hoy qué puede hacer o qué hace frente a esto, calla. Guarda silencio y se vuelve un mimo porque se ha preferido olvidar que los derechos tendrían que ir de la mano siempre de sus respectivas obligaciones. Además, porque nuestro sistema educativo se encuentra supeditado a un capitalismo salvaje. 

¿Qué quiere decir lo anterior? Entre otras cosas, que en algunas escuelas tanto privadas como públicas, algunos alumnos toman el papel de clientes y no les interesa aprender, sino obtener un certificado al final del camino, porque éste les servirá para insertarse de cualquier manera en el mercado laboral.  Y desafortunadamente para el profesor no es sencillo salirse de este embrollo porque su salario es bajo; no le pagan a tiempo; lo acosan tanto con actividades burocráticas como con la toma de cursos inservibles para su “disque” capacitación continúa; le quitan cada vez más tiempo de vacaciones; está el riesgo de que si trata de corregir a algún alumno acabe en la cárcel; y la creación de plazas para que logre una “estabilidad” es escasa, entre otras cuestiones. Cierto es que también hay una élite de profesores que no experimentan lo que la mayoría de sus colegas. Y sí, por otro lado, también hay alumnos excelentes, no todos dejan de lado sus obligaciones. Sería falaz y deshonesto de mi parte no reconocer que también hay muchos ejemplos de circunstancias favorables y de estudiantes honorables. 

Sin embargo, más allá de las menudas o muchas excepciones, actualmente ser maestro en México es un riesgo para la salud mental, pues la mayoría de los profesores en el país, debido a estas y otras circunstancias adversas y no expresadas con el detalle preciso aquí, presentan un agotamiento emocional, falta de realización personal, estrés, burnout y, sobre todo, un sentimiento de impotencia ante la imposibilidad de contrarrestar tanto la pésima conducta de la mayor parte de su alumnado como las presiones por parte de los poderes educativos que los acorralan día a día. Y esto es un signo más de alerta que nos indica la urgencia de curar cuanto antes al sistema educativo mexicano.

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