¡Qué poca Madre!: Sobre ser mamá

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En México la figura de la madre constituye un eje vertebral de la vida social. Diversos autores (curiosamente la mayoría de ellos hombres) han explorado el papel de la madre y la maternidad en la socialización de las/os mexicanas/os, desde Samuel Ramos hasta Octavio Paz, pasando por Santiago Ramírez y Rogelio Díaz Guerrero; la relevancia de la maternidad en México pareciera algo evidente, llegando incluso a escucharse que en México vivimos en una especie de matriarcado tropical: “las mujeres son las que mandan y toman las decisiones en casa; dime si eso no es un matriarcado”, llegó a decirme una persona, alguna ocasión.

Es claro que la maternidad tiene un peso considerable en los imaginarios mexicanos. No resulta fortuito que las dos celebraciones de mayor importancia nacional enaltezcan esta función (10 de mayo y 12 de diciembre). Sin embargo, me parece que hay que ser cuidadosos con este aparente testimonio de valía hacia la maternidad, pues me parece que más que un reconocimiento resulta ser una parafernalia eventual que sirve para disfrazar un fondo mucho más crudo.

México ocupa el primer lugar de embarazos adolescentes, entre los países de la OCDE, con una tasa de 77 embarazos por cada mil adolescentes de 15 a 19 años. El aborto sigue siendo un tema polémico; la violencia intrafamiliar alcanza cifras alarmantes (cerca del 9% para finales de 2018). Esto, como podrá imaginarse, implica ciertas repercusiones en aspectos como la educación, la salud y el desarrollo personal de las mujeres. Ahora bien, pareciera que estas problemáticas, aunque crudas, se encuentran desvinculadas unas de otras, sin embargo, considero que si hacemos un ejercicio de hilado finonos daremos cuenta que, en las tres problemáticas, subyace una narración implícita, una especie de destino manifiestoque ha sido elaborado social y culturalmente: el deber ser madre.

Así, parece ser que la maternidad resulta ser una profesión que debe cumplirse independientemente de las condiciones de vida de las mujeres: “Eres profesionista, ¡qué bueno! ¿Cómo crías a tus hijos/as?”; “estudias y has postergado la maternidad, ¿no piensas realizarte como mujer?”; “qué bueno que tengas satisfacción económica, pero ¿no piensas tener hijos?”Este tipo de testimonios son frecuentes, mucho más de lo que nos gustaría reconocer y es algo que difícilmente escucharemos dirigidas a un hombre. 

Podríamos ahondar en muchos más ejemplos, sin embargo, me gustaría remarcar que en estos casos se celebra la maternidad, la figura de la madre y el sacrificio (que se ha asociado a estas actividades) independientemente de si han sido elementos elegidos como parte de la vida. No se trata de menospreciar la función de la maternidad, sino de no sobrevalorar y romantizar la imposición de este papel. Aboguemos por una maternidad elegida, no como mandato, no coaccionada.

Vista de esta forma, resulta evidente que hablar de un matriarcado a la mexicana no sólo resulta algo absurdo, sino tramposo. Esta noción de aparente poder que recubre la figura de la madre es solo una carcasa, pues visto desde una forma crítica, los varones somos eximidos de múltiples responsabilidades para adjudicar a las madres el peso completo de nuestras negligencias: “los hombres son machistas porque las madres así los crían”; “las mamás son las más machistas”; “yo valoro el trabajo de mi madre/esposa, por eso ayudo en el hogar”; “yo aporto con lo económico y, ella se encarga de lo demás”. Ya no hablar de los obsequios que vemos en el día de las madres: planchas rosas, lavadoras y secadoras, juegos de sartenes y un largo etcétera. 

Nos encontramos ante una parodia de poder en el que se simula que las madres mandan y determinan, con la finalidad de encubrir las negligencias, omisiones y/o ausencias masculinas. Se celebra, vitorea o aplaude el desempeño silencioso de la maternidad. En realidad, podría pensarse que ser madre en México es el mayor logro y tal vez así lo sea para muchas mujeres; sin embargo, debemos considerar que esto no debe ser una obligación que todas las mujeres deban realizar. 

Celebremos la capacidad de decisión y aboguemos por explorar formas de maternidad en las que no idealicemos ni romanticemos la explotación, el desgaste y el descuido de las mujeres en aras de otras personas.

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