¿Qué hago con mis hijos en vacaciones?

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Durante las vacaciones de verano, cuando los hijos están en casa es común escuchar que estos tienen ciertas conductas   que podrían ser consideradas rebeldía y los papás suelen atribuir estos comportamientos a que les sobra tiempo, lo que podría interpretarse como un ocio invertido en provocar el enojo de mamá o papá, definiendo así estas conductas como algo malvado de los hijos, sin embargo, nada tiene que ver con un plan que parecería maléfico por la supuesta provocación de la furia de los padres.

Si bien es cierto que las vacaciones suelen ser entendidas como un momento de descanso y una salida de la rutina, en la práctica muchas veces no sucede de esa forma. Los hijos salen de la escuela, los padres salen del trabajo y todos están en casa, la dinámica familiar se ve alterada ya que en periodo regular de actividades quizás los tiempos de coincidencia entre los miembros de la familia no son los mismos y de alguna u otra forma cada uno se acopla a sus propios tiempos. Salir de vacaciones y pasar más tiempo juntos puede generar sensaciones de estrés, desesperación o irritabilidad. Esto es normal ya que en definitiva el ritmo de trabajo disminuye y hay más tiempo libre.

Cabe mencionar que el hecho de que estas respuestas sean de alguna forma habituales, esto no quiere decir que se tenga que esperar a que terminen las vacaciones para recobrar el ritmo de vida y el orden establecido en el periodo de clases y trabajo, de ser así no se estarían teniendo vacaciones como tal y no se podría disfrutar de la calma que muchas veces brindan estos periodos.

Por otro lado, estar de vacaciones no necesariamente significa salir de la ciudad o gastar grandes cantidades de dinero (gastos que a la larga pueden tener más costos que beneficios). Se trata de tener un tiempo libre de responsabilidades académicas o laborales y poder dar un descanso al cuerpo y la mente, reorganizar planes, crear una dinámica de familia distinta o hacer cosas que regularmente no se hacen por falta de tiempo como ver películas, leer un libro, bailar, jugar juegos de mesa, salir a caminar o simplemente no hacer nada.

Es necesario tener un plan para administrar el tiempo libre que se tiene en vacaciones, considerando que este debe estar abierto a modificaciones que sean necesarias, aprender a respetar y aceptar los hábitos de los demás siempre y cuando estos no pasen por encima del bienestar común. Si los hijos son aún pequeños quizás habría que pasar más tiempo con ellos, involucrándolos en las actividades que se realizan en casa o si se tiene la posibilidad, incitándolos a hacer alguna actividad durante el verano, como por ejemplo practicar algún deporte.

Es importante recordar que los hijos no tienen un plan malvado para hacer perder los estribos a los padres, lo que ocurre es que se genera una red de interacciones distintas entre padres, hijos y demás miembros de la familia que están presentes. Resulta indispensable aprender a responder de forma saludable frente a esas nuevas interacciones momentáneas para que efectivamente se perciba que hubo un periodo de vacaciones y se experimente la pausa y el descanso necesarios para todos.

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