¿Por qué nos cuesta decir que no?

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Sí… No… bueno, sí…

Es que me gana…

Ya no quiero, pero…

¿Por qué no puedo decir que no?

Estos son temas que en algún momento llegan al consultorio, a veces muy claramente y otras un poco escondidos entre otras preocupaciones. Puede ser tratado, atacado o trabajado desde diferentes modelos, técnicas o combinaciones que se consideren adecuadas. A mi me gustaría acercarme a una deconstrucción social de este tema.

La sociedad mexicana, en términos generales y de acuerdo con el lugar de la familia en la escala socioeconómica, considera poco amable negarse a hacer algún favor, a no responder una solicitud o no acatar alguna instrucción directa u orden, independientemente de la razón de esa negativa.

En el hogar, en la escuela, en el trabajo, en la Iglesia o en las fiestas, consideramos que un “no”, inclusive un “no gracias”, puede provocar un ambiente tenso irresoluble por nuestra culpa o podemos ser juzgados como desagradecidos, pesados, creídos, flojos y nos amenazan con quitarnos de su lista y jamás nos volverán a pedir nada. También, podemos sentir que ya no nos consideren los “buena onda” con los que siempre se puede contar. Qué difícil.

En este mes del Día del padre, donde celebramos, cuando cabe, el apoyo, la guía, el amor, también detengámonos en la autoridad paterna irrefutable. Aún ahora, donde negarse a acatar una instrucción paterna, por lo menos hasta la juventud temprana, es signo de rebeldía sin sentido, indisciplina, incluso torpeza, entonces no se vale negarse, querer otras cosas o tener diferente perspectiva al momento de actuar o decidir.

¿Es real que la única forma de ser agradecidos es acatándolo todo? ¿Es real que para ser queridos hay que ser tranquilos y obedientes? ¿Es real que, si decimos a todo que si, seremos felices? ¿Es real que alguien que no soy yo sabe lo que me conviene? ¿Es real que no sé lo que quiero? ¿Es real que tengo que estar para todas las personas que me rodean? ¿Es real que el que me paga manda? 

Cuando se concientiza que no es posible negarse a situaciones que incluso pueden degradar a la persona, tal vez haya que preguntarse qué mandato hay detrás de la necesidad de soportarlo. O cuando se observa que la única que se queda a hacer trabajo extra, que tal vez no le corresponde, habrá que preguntar ¿En qué radica mi suficiencia?

Mujeres y hombres pueden quedar marcados con la idea de que no importa que no quieran, seguir la corriente o seguir al más fuerte es la mejor idea, hasta que empiezan a sentir los efectos físicos y emocionales de esta invisibilización continuada. 

¿De qué manera pueden los padres seguir siendo guía y educar con asertividad sin perder autoridad? Trabajando en ellos mismos para encontrar sus propias respuestas.  

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