No todo autismo es igual

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Hace algunos años acudí a una charla donde se promovía el “tratamiento” del autismo exclusivamente con dieta. La ponente, cabe mencionar, era nutrióloga y tenía un hijo con este problema. Ella exigía que los psiquiatras tomásemos consciencia de lo importante que era “no obligar” a los niños con autismo a tomar “tantos medicamentos”.

Desde entonces, me preocupé por desarrollar mejores argumentos que permitieran entender y explicar por qué los psiquiatras decidimos prescribir tratamientos farmacológicos en problemas como el Espectro Autista. Quiero compartir los dos más importantes con los lectores de Salutare, a propósito del mes del niño:

1. Heterogeneidad del T.E.A.

Los Trastornos del Espectro Autista, que en adelante referiré como T.E.A., son trastornos demasiado diversos como para asumir que todos responderán al mismo esquema de manejo. Si bien es posible que algunos niños puedan alcanzar un nivel de funcionalidad suficiente para su ambiente social con un tratamiento basado únicamente en medidas cognitivo-conductuales y la rehabilitación neuropsicológica, algunos “peques” pueden incluir en sus padecimientos distintos tipos y niveles de discapacidad que dificulten el control de sus emociones, las cuales no se controlan solo con limitar los estimulantes en la dieta.

Aunque los psiquiatras debemos estar atentos a respetar el derecho de los padres para decidir libremente sobre el mejor tratamiento de sus hijos, asumir que somos malos médicos o malos padres por apoyarnos en los fármacos, como pareciera exponerse en el párrafo introductorio de este texto, pone una losa moral muy pesada en casos donde es indispensable el uso del medicamento para el control neurobiológico de esas emociones (enojo, frustración, etc).  

2. El origen y la cura del T.E.A.

La palabra cura, de acuerdo a sus orígenes etimológicos puede tener varios significados, y uno de ellos tiene que ver con “el cuidar” antes que con la idea de “eliminar” la enfermedad. En este sentido, es importante comprender que al día de hoy no existe una “cura” para el autismo, entendiendo esta palabra como un método por el cual se pueda eliminar el trastorno.

De acuerdo con los resultados que aportan los estudios de heredabilidad, los T.E.A. son problemas cuyo origen está sobre todo en factores genéticos, antes que en factores ambientales.  Por lo que reprochar a la mala educación o a la falta de cariño la presencia de la enfermedad, ayuda muy poco a mejorar el problema. Lo cual, no significa que por otro lado, los procesos de rehabilitación y apoyo ambiental no sean indispensables para que el problema no se agudice. En este sentido es que muchos clínicos proponen que los niños con autismo se incorporen a escuelas “normales”, porque, aunque hay un alto riesgo de bullying, estas escuelas “obligan” a los chicos a la interacción social. 

En este orden de ideas, quisiera insistir en que la dieta a lo largo de la vida del pequeño puede ser un factor que evite la agudización del problema, pero no es la cura, ya que la manera en cómo los nutrientes son asimilados por las distintas células del cuerpo, incluyendo las neuronas, está determinada por factores genéticos en distintos tipos de las patologías relacionadas con el autismo. Es decir, la buena nutrición nos ayuda a todos a tener buena salud neuronal, no solamente a los niños con autismo, pero por distintos factores genéticos, los nutrientes no serán asimilados de forma eficiente por estos últimos.  

Finalmente, es importante destacar que tampoco los medicamentos son la cura del autismo, pero sí son otra herramienta para ayudar al paciente y a su familia, y es con esa finalidad que se recetan y se prescriben.

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