Motivo de consulta: el tiempo.

0
1293

Aquella mañana entró al consultorio una mujer con diadema de estrellas. Después de decirme su nombre, comenzó a llorar. Recordé que alguna vez escuché que parecía que los psicoterapeutas siempre llegábamos tarde a la vida de las personas.

Aunque no entendí las causas de su llanto, elegí no preguntar. Secó sus mejillas con un pedazo de papel. No sé por cuánto tiempo me perdí en el reflejo de su mirada.

Hoy que vuelvo a pensar en ella, imagino que su nombre era Luz ya que había algo que parecía brillar. 

Intenté comprender qué era lo que le había sucedido. ¿Una ruptura amorosa? ¿La muerte de alguien cercano? ¿Alguna dificultad laboral? ¿El miedo a continuar viviendo? ¿Una noticia terrible? De repente suspiró y decidí interrumpir todas mis dudas para poner atención a lo que sentía en ese momento. Antes que alguna de mis suposiciones me sedujera, intenté hacer coincidir su tiempo con el mío, pensando en que tal vez así podría colaborar en la creación de un instante compartido.

Ambas permanecimos en silencio y luego de que nuestras miradas se encontraran de frente, nos sonreímos como si nos reconociéramos. 

La manecilla del reloj se escuchaba con fuerza y aunque quizá había llegado tarde a su vida, sentí que con haber llegado era suficiente.

Sé que al recordar ese encuentro lo voy transformando, ya que toda revisión del pasado implica ajustes; aunque intente evocar con exactitud lo sucedido, será distinto cada que vuelva a narrarlo. Me gusta mucho una frase de Borges cuando al hablar de la memoria menciona que se trata de un quimérico museo de formas inconstantes, montón de espejos rotos

Me acuerdo que luego de escuchar con atención la fuerza de la manecilla del reloj, Luz me dijo que había dejado de creer en la idea que afirmaba que los tiempos mejores estaban por venir. Miré hacia el piso. También yo me había decepcionado de esa frase. ¿Acaso la terapia podría ayudar?   

Abrí mi libreta de notas y escribí su nombre. Volví a mirarla y me dijo que era demasiado tarde. 

¿Cómo saber si era tan tarde como parecía? 

Aunque en ocasiones me he guiado con el reloj para encontrar la respuesta, hoy sigo pensando que sus manecillas son incompetentes para indicar cuál es el tiempo exacto de decir adiós, de asimilar, aceptar, llorar o luchar. No creo que un duelo deba durar diez minutos, un llanto tres horas, una despedida dos días o la psicoterapia una hora. De cualquier modo luego de llorar algo del llanto queda, después de decir adiós algo de los labios del amante anterior aparece en el encuentro con el nuevo amor. A veces todo parece un continuo sin pausas, aunque rebobinemos a menudo para pensar en quienes fuimos ó aunque adelantemos fantasiosamente los días para saber lo que sucederá. Quizá solo se trate de modulaciones del presente, en las que – siguiendo a Braunstein – puede aparecer la esperanza de que es posible que suceda “aquello que tuvo en el pasado ‘la potencia de haber sido’”. 

Luego de escribir el nombre de la consultante, anoté ‘motivo de consulta: el tiempo’.

Borges, J. (1974). Obras completas. Buenos Aires: Emecé.
Braunstein, N. (2012). La memoria, la inventora. México: Siglo XXI.

Artículo anteriorCarta de un psicólogo a un estudiante diagnosticado con Trastorno por déficit de atención
Artículo siguienteSufrir por amor
Cursó sus estudios de Licenciatura en Psicología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAM), titulándose con la tesis ‘Psicosis y arte: bordeando un yo exiliado de sí mismo". Cursó la Maestría en Psicología con Residencia en Terapia Familiar Sistémica en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAM), durante la cual desarrolló un proyecto titulado "Perspectivas en psicoterapia: caracterización de personajes". Alumna de Mtra. Ofelia Desatnik, Doc. Alexis Ibarra, Dra. Lourdes Fernández y Doc. Marcelo Pakman. Ha sido ponente en congresos y coloquios de temas relacionados con la violencia, la pareja y la familia en instituciones educativas y contextos hospitalarios, dictaminadora en artículos de psicología y ciencia social, psicoterapeuta tanto en el ámbito público como en el privado y docente tanto presencial como en línea en el Instituto de Terapia Familiar CENCALLI de temas como violencia y terapia de pareja. Ha brindado acompañamiento terapéutico a personas con autismo y discapacidad intelectual. Interesada en la psicoterapia sistémica, la crítica-poética y la reflexión-en-la-acción. Contacto: https://fabiolaarellanojimenez.blogspot.com/ https://twitter.com/FabiolaArellano https://www.instagram.com/fabarella/

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí