El mito de la maternidad abnegada

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Para algunas mujeres la maternidad es una de las etapas más bellas en sus vidas, pues constituye la idea de alcanzar plenitud a través del proyecto de familia. Puede ser así en muchos casos cuando la maternidad es una abierta elección individual que les genera satisfacción. Sin embargo, la decisión de procrear y educar hijos (as) no debe implicar la anulación de la autonomíaindependencia para las mujeres puesto que la maternidad es un rol ejercido dentro muchos otros posibles. Una madre seguirá siendo persona, hija, pareja, amiga, estudiante, profesionista, etc., cualquier actividad que elija desempeñar. 

¿Pero entonces qué sucede cuando una mujer es evaluada negativamente como madre por mostrar deseos de realizar actividades de interés personal? ¿Quién evalúa esto? ¿Dónde se traza esa delgada línea entre el derecho a la autonomía de la mujer y el ser sancionada como una “mala madre”? Históricamente se ha fomentado el mito de que una buena madre es una madre abnegada.

La abnegación en la maternidad se entiende entonces como un tipo de virtud moral que consiste en el sacrificio espontáneo o por medio de la voluntad de sus propios intereses, deseos e incluso de la misma vida en favor de los hijos (as). Es una forma de altruismo que exige autosacrificio. En México el papel que ocupan las madres en las familias suele ser entendido de esta forma, vistas como el centro y el soporte de la estructura familiar. Existe incluso un día en conmemoración a este tipo de prácticas, el 10 de mayo en México, que es el día de las madres, celebrado desde 1922. Generando admiración y respeto para aquellas que así lo ejercen, pero castigo y sanción social para quienes no lo promueven de esta forma.

No es un instinto de las mujeres; es el género.

Las condiciones de género son roles socialmente construidos, todas aquellas expectativas, comportamientos y actividades que se consideran apropiados para hombres y mujeres. En el caso de la maternidad tradicional se espera una atención total, cuidados permanentes, esfuerzo, sacrificios personales. A mayor entrega, mejor maternidad, pero mayor abnegación. 

La idea de maternidad abnegada es producto de relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres, y se trata entonces de una construcción social, mas no de un rol natural. Existe incluso la idea de un instinto materno, que significa más una expectativa moral que una condición biológica. Coexisten entonces muchas formas de concebir la plenitud para las mujeres; la maternidad es una de ellas, pero no la única.

Evidentemente el cuidado de hijos e hijas requerirá de mucha atención y un profundo esfuerzo que generará un natural cansancio; sin embargo, bajo la idea de una maternidad tradicional, el sentir deseo de espacios libres fuera del cuidado de los hijos (as) puede generar sanciones morales, tan constantes y fuertes que muchas mujeres generarán culpa por hacerlo. 

Hijos e hijas necesitan madres fuertes, no madres abnegadas. Mujeres conscientes de sí mismas satisfaciendo sus necesidades personales. El ejercicio de su independencia es un derecho e incluso un elemento para su salud mental. Vivir diferentes experiencias fuera de la maternidad despierta su consciencia, creatividad y alegría que son recursos psicológicos que toda persona necesita todos los días. Deconstruir la idea de la abnegación en la maternidad, es fomentar el autocuidado de quienes cuidan a otros y también es visibilizar la misma responsabilidad que los varones tienen en la crianza de los hijos (as). Al final todos admiramos y respetamos la maternidad, pero en pleno ejercicio de su libertad.

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