Mexicanos al grito de guerra y dolor.

0
703

Septiembre es el mes en que se celebra la independencia y el inicio de un proyecto de nación, es el día en que las personas gritamos ¡Viva México!, con orgullo, con júbilo; sin embargo, considero que es importante hablar de la situación actual de salud, particularmente psicológica de las y los mexicanos.

Hace unas semanas fuimos testigos de una demostración de fortaleza, integridad y dignidad: un grupo de mujeres hicieron visible aquello que los medios de comunicación han hecho tan cotidiano: la injusticia, violencia y desigualdad sistemáticas que imperan en la sociedad mexicana (en este caso hacia las mujeres). ¿Qué tiene que ver esta manifestación por parte de las feministas con la salud psicológica? Por un lado, considero importante resaltar que la salud psicológica contrario a lo que podría dictar nuestro sentido común, no atiende necesariamente a personas en singular, aisladas y solitarias; sino que, por el contrario, pueden contemplarse procesos que podríamos entender de salud psicológica colectiva.

En este sentido, abordar la violencia como problemática implica, en un primer momento reconocer que implica un fenómeno de salud pública que, como la misma OMS ha detallado, tiene grandes repercusiones en todos los ámbitos de la vida y que, contrario a lo que pudiera pensarse, es resultado de una serie de confluencias sociales, culturales, económicas, políticas que propician un ambiente fértil para las más cruentas formas de violencia.

De esta forma, y como algunas/os autores nos han permitido comprender (Milgram, Zimbardo, Arendt, Sayak, Valencia), todas las personas podemos ser proclives a realizar actos de la más cruenta violencia en las condiciones propicias. Esto, más que una justificación o un elemento que implique el desdoblamiento de la responsabilidad que cada persona debe asumir sobre sus acciones, implica un elemento que nos invita a meditar las condiciones actuales de injusticia, desigualdad, corrupción e impunidad que decantan en ejercicios sistemáticos y prolongados de violencia.

La violencia se ha convertido en un ejercicio cotidiano, infiltrando todas las expresiones de nuestras vidas, un elemento que encuentra múltiples formas de ser justificada, aplaudida e idolatrada. Hemos asimilado que la violencia, incluso, constituye una herramienta pedagógica, asumiendo de esta manera que es necesaria.

Quisiera concluir invitando a cuestionar la relación que sostenemos con la violencia, hacia otras personas y hacia nosotros mismos, la manera en que la engullimos e incorporamos. Cuestionar es el primer paso para cambiar, pues implica confrontar lo cotidiano, lo normalizado; así cuestionar implicaría una primera pequeña gran acción, porque, como diría una querida y admirada amiga: “Los pequeños cambios, siempre son grandes cambios”.

Que el mes patrio sea propicio para analizar otras formas del ser mexicano/a desde la empatía, la escucha, la solidaridad, la dignidad y la justicia.

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí