Desde hace varios meses, lo que estaba habituada a vivir se ha transformado. He dejado de salir de casa, subir a la bicicleta, llegar al consultorio, esperar a que suene el timbre y abrir la puerta para saludar a quien ha llegado. Ahora voy a mi recámara, coloco sobre una mesa el celular, me pongo los audífonos, aprieto un botón e instantáneamente las imágenes con movimiento saltan a los ojos. Experimento lo instantáneo como si se tratara de “un tiempo que da cuenta de aquello que no hemos podido sentir…un tiempo no vivido(1)

En cada encuentro por videollamada veo por lo menos un par de rostros y uno de ellos es el mío. Ambos me observan. Me siento indecisa, no sé a quién ponerle atención. ¿A quién pareciera imitar todos mis movimientos o a quien tiene un rostro distinto del que veo en el espejo? El reflejo de mis ojos también me observa, se convierte en un vigilante incómodo como los de los centros comerciales cuando cuidan que no me robe nada. Recuerdo a Didi-Huberman (2) diciendo que “lo que vemos no vale no vive a nuestros ojos más que por lo que nos mira”. ¿Cómo funciona cuando también es uno mismo quien mira su imagen observante?

Vivo esos encuentros sintiendo que soy yo la que observa aquello que sucede en aquel espacio que ocupa el lugar de “lo real”. Miro cómo las imágenes al representarnos en esas videollamadas, nos dejan con cuerpos sin carne, con rostros de aproximadamente diez centímetros, sin aromas, ni piernas, con bocas diminutas, con lágrimas que parecieran reales deslizándose por las mejillas que también parecen reales. Aparentemente dentro de los celulares se ha metido la vida, pero —parafraseando a Henri Focillon (Cit. Vélez, 2004, p. 23)— se trata de un mundo parecido a los paisajes de las habitaciones negras, ligeras, planas y quiméricas.

Estos meses me he sentido habitante de ese “casi real”. ¿Qué comunidad hacen posible esos encuentros? No niego el poder de convocatoria de lo real que poseen las imágenes y las palabras que, como tan bien ya sabemos, producen realidades y mundos (Lorenzo, De Mingo y Moreno (Ed.) (2007), p. 43), pero esos encuentros me siguen pareciendo la “aparición de una lejanía por más próxima que pueda estar”(3).

Cuando las voces de aquellos rostros convertidos en imágenes hacen su arribo, es desde dentro de mis oídos. En los momentos en que por error se me caen los audífonos o cuando la persona que está al otro lado (en algún lado) deja su micrófono en silencio, la escena enmudece, quedando el instante como “una sombra de vida…desprovista de sonido…una vida que bulle ante los ojos, a quien han despojado de palabra”. (4) Soy de las que prefieren escuchar lo que sale de los labios que se mueven. Me intriga no escuchar, no me gusta acudir a la imaginación para intentar adivinar las palabras. Qué curioso que emplee la palabra imaginación, ella consiste en la facultad para representar imágenes.

Ahora los adioses no acaban con un apretón de manos para luego cerrar la puerta, sino que se trata de adioses vividos al apretar un botón rojo. Al salir de mi recámara, abandonar el celular y escuchar mis pasos por el pasillo que da a la sala, me doy cuenta de que sigo negándome a “que uno mismo termine por no ser más que una imagen” (5) aunque las tecnologías y las pandemias cambien las vidas.

Citas:

(1) Ulm, H. (2007)

(2) Didi-Huberman, G. (1992), p. 13.

(3) Benjamin (cit. Didi-Huberman, G. (1992), p. 159.

(4) Gorki, M. (1896)

(5) Didi-Huberman, G. (1992), p. 175

Fuentes:

Didi – Huberman, G. (1992) Lo que vemos, lo que nos mira. Argentina: Manantial.

Gorki, M. (1896) El reino de las sombras.Recuperado dehttps://www.studocu.com/es-ar/document/universidad-del-cine/historia-del-cine-i/apuntes-de-clase/gorki-m-el-reino-de-las-sombras/6004100/view

Lorenzo, R., De Mingo, A. y Moreno, C., (Ed.) (2007) Filosofía y realidad virtual. España: Prensas Universitarias de Zaragoza; Instituto de Estudios Turolenses.

Ulm, H. (2007) Imágenes: juicio y experiencia. Trabajo presentado en el III Coloquio de Investigación “La imagen: mecanismos y miradas”, Magíster en Estudios de la Imagen de la Universidad Alberto Hurtado, Chile.

Vélez, M. (2004) De los ojos a las manos: “tocar el espacio”. Revista de extensión cultural. Universidad Nacional de Colombia. Sede Medellín.

 

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Cursó sus estudios de Licenciatura en Psicología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAM), titulándose con la tesis ‘Psicosis y arte: bordeando un yo exiliado de sí mismo". Cursó la Maestría en Psicología con Residencia en Terapia Familiar Sistémica en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAM), durante la cual desarrolló un proyecto titulado "Perspectivas en psicoterapia: caracterización de personajes". Alumna de Mtra. Ofelia Desatnik, Doc. Alexis Ibarra, Dra. Lourdes Fernández y Doc. Marcelo Pakman. Ha sido ponente en congresos y coloquios de temas relacionados con la violencia, la pareja y la familia en instituciones educativas y contextos hospitalarios, dictaminadora en artículos de psicología y ciencia social, psicoterapeuta tanto en el ámbito público como en el privado y docente tanto presencial como en línea en el Instituto de Terapia Familiar CENCALLI de temas como violencia y terapia de pareja. Ha brindado acompañamiento terapéutico a personas con autismo y discapacidad intelectual. Interesada en la psicoterapia sistémica, la crítica-poética y la reflexión-en-la-acción. Contacto: https://fabiolaarellanojimenez.blogspot.com/ https://twitter.com/FabiolaArellano https://www.instagram.com/fabarella/

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