Los recuerdos en psicoterapia

0
6

Hace unos días, al participar en un diálogo terapéutico con una adolescente que vivió abuso sexual cuando apenas tenía siete años, le propuse la tarea de escribir una carta de solidaridad, apoyo y comprensión para esa niña que fue y que sintió en carne propia todo el horror de la violencia. Después de pensarlo un poco, me dijo: «ah ya sé, usted quiere que yo hable con mis recuerdos».

Aquella certera comprensión, es la que uso como base de este texto en beneficio de quienes damos o recibimos terapia psicológica.

Cuando acudimos al consultorio, una de las primeras preguntas que las y los terapeutas sistémicos hacemos, se refiere al motivo presente y concreto que ha llevado a las personas a solicitar ayuda; en esos momentos reconocemos que algo en lo inmediato ha desbordado la capacidad de respuesta de los pacientes. Por ejemplo, escuchamos frases como las siguientes: llevo varios días sin dormir, no soporto tanta ansiedad, estoy triste todo el tiempo, no puedo decir lo que siento, mi pareja me dejó.

Si bien los problemas están en el aquí y el ahora, también habría que pensar que éstos son una cristalización de la historia de vida de las personas, como lo dice el poeta Dylan Thomas: «la pelota que arrojé cuando jugaba en el parque / aún no ha tocado el suelo».  Así pues, al acudir a terapia para tratar un problema concreto, también directa o indirectamente estaremos en la posibilidad de tocar el pasado y mirarlo en perspectiva; nuestra voz del presente será escuchada por eso voz del pasado que de cierto modo continúa siendo.

Mi invitación es para que las y los que participamos de conversaciones terapéuticas, nos demos la oportunidad de romper nuestra compresión lineal del tiempo, donde se considera que el pasado está atrás y el futuro delante y donde lo único posible de trabajar pareciera estar en el aquí y el ahora. Demos un giro a esta forma de pensar. Por ejemplo, los mayas tenían una compresión circular del tiempo, lo cual implicaba que identificaran que el futuro se encontraba atrás, pues la vista no alcanzaba para aprehenderlo, mientras que el pasado estaba al frente, en tanto que se podía ver. También nos podemos remitir a los versos de T. S. Eliot como una manera de hacer un giro a nuestra comprensión del fenómeno: «el tiempo presente y el tiempo pasado / Acaso estén presentes en el tiempo futuro. / Tal vez a ese futuro lo contenga el pasado / Si todo tiempo es un presente eterno / Todo tiempo es irredimible».

Creo que cuando enfrentamos situaciones límite, como en las que aparecen violencias, existe un deseo constante de hacer una partición entre el pasado, presente y futuro, lo cual se refleja en el temor de que la experiencia dolorosa se vuelva constitutiva de la vida misma, como cuando decimos: «nunca lo voy a superar… nunca seré la misma… no puedo escapar de mi pasado… sólo me interesa mi futuro».

Bien podemos sostener que la tesis de dialogar con nuestros recuerdos, conecta las tres dimensiones del tiempo y es ahí donde se construye y reconstruye la memoria de lo que fuimos y de lo que seremos o que ya somos. Quiero perder el sueño al pensar cuáles serán las palabras de acompañamiento que esta adolescente le hará a esa niña que fue y sigue siendo, de qué calidad y fuerza será el abrazo que se dará para sí; también me emociona imaginar la respuesta que esa niña ha de darle a quien del futuro le habla.

Me disculpo si el párrafo anterior puede ser confuso, pero pienso que la terapia – por lo menos la de corte sistémico – establece que es en la diferencia que hace la diferencia donde existe la posibilidad del cambio y hablar de nosotros en relación con el tiempo no es simple o, dicho en otras palabras, «en nuestra infancia ya están todas las arrugas del tiempo».

Referencias bibliográficas

  • Boscolo, L. y Bertrando, P. (1996). Los tiempos del tiempo: una nueva perspectiva para la consulta y la terapia sistémicas. Barcelona: Paidós.
  • Eliot, T. S. (1989). Cuatro cuartetos (José Emilio Pacheco, trad.). México: El Colegio Nacional, Fondo de Cultura Económica.
  • Voss, A. (2015). La noción del tiempo en la cultura maya prehispánica. LiminaR13(2), 38-52. Recuperado en 22 de agosto de 2020, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-80272015000200004&lng=es&tlng=es.
Artículo anteriorEl amor nunca fue tan imposible
Artículo siguienteCovid-19: Carta a los profesionales de la salud
Licenciado y Maestro en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México, actualmente cursa del Doctorado en Psicología en la misma universidad, desarrollando el proyecto de investigación Estrategias de afrontamiento en familiares de víctimas de desaparición forzada. Terapeuta familiar especialista en trabajo con víctimas de graves violaciones de Derechos Humanos. Ha realizado trabajo terapéutico y de evaluación psicosocial con poblaciones en riesgo y comunidades que experimentan Graves Violaciones de Derechos Humanos, como tortura, trata desaparición forzada y feminicidio. Se ha desempeñado como psicólogo forense en la Procuraduría General de Justicia del Estado de México, como perito oficial y particular en el nuevo sistema de juicios orales. Ha facilitado talleres de desarrollo humano, en temas de género, violencia de género, resolución no violenta de conflictos. Cuenta con experiencia Internacional en Buenos Aires Argentina haciendo intervención comunitaria en la Asociación Civil Neike Profam- Fortalecimiento Familiar, trabajando el tema de intervención y atención al abuso sexual infantil.

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí