Los cuerpos sin nombre son nuestros

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A las lágrimas.

A los puños cerrados.

Al dolor y las esperanzas.

Algunas veces pareciera que el eco de las palabras ausentes de estos hombres, que también son padres, se puede encontrar en el grito sordo de sus familias que los esperan con la sensación de haber perdido hasta el miedo; otras ocasiones, surge puro silencio. No hay respuestas. ¿Cómo serán sus rostros? ¿Fueron desollados? ¿Seguirán vivos? ¿Tendrán hambre? ¿Habrán sido torturados? ¿Sentirán frío? ¿Las suelas de sus botas estarán desgastadas por tanto caminar? ¿Les quitaron la vida?

Lamento abierto que a ratos pareciera drenar en vano. 

Se trata de un “duelo eterno; la razón te dice que está muerto pero el corazón te dice que está vivo[1]. El latido del corazón te indica que la vida continúa, pero la herida implantada en el pecho, te señala lo contrario. 

Algunos al mirarse al espejo, buscan algún resquicio de sus-nuestros desaparecidos. Fracasan. También las fotografías resultan insuficientes. Las descripciones de las fichas de desaparecidos difundidas, no incluyen algún apartado en el que se pueda decir quiénes son esos hombres. ¿Dónde se escribe lo que un papá aconsejaba para resolver los problemas? ¿En qué sitio se deja el testimonio de lo vivido? ¿Dónde se pueden transcribir sus frases? ¿Cuál documentación recupera la memoria? 

-¿Por qué yo no puedo subir?

-Porque estás detenido.

-¿Y de qué se me acusa?

-Tú compones corridos.

-Pero eso no es delito.

-Sí, pero mientras ya te chingaste – responde el militar[2].

La personificación de la rabia existe. A Rosendo se lo llevaron, jamás regresó. 

Hiere reconocer que la brutalidad institucional prolifera, lacera saber que cuando nuestra sociedad tiene miedo, abandona; pero, mientras que “ellos serán juzgados por sus crímenes, nosotros seremos juzgados por nuestro silencio[3]”.

Es terrible el temor que genera admitir que “este país es una fosa común sobre la cual caminamos los ciudadanos sin seguridad y con la posibilidad de que un día vengan por nosotros y nos maten sin que el gobierno haga absolutamente nada[4]”, sin embargo, ¿cómo es posible que no se experimente un terror aún más brutal ante el “silencio prolongado con el que se contribuye socialmente a la complicidad, al aislamiento y al olvido?[5]” ¿Qué le sucedió a esta nación que concibe a las víctimas como daños colaterales sin nombres ni apellidos, o que se atreve a  responsabilizar criminalizando a aquellos que no gritan solo porque ya no pueden? ¿Qué le ocurrió a este país que prefiere negar con cobardía la existencia de sus heridas de muerte, en lugar de involucrarse en la edificación de una memoria colectiva que desentierre los cuerpos de sus desaparecidos, los devuelva a sus familias y los honre? 

No están los cuerpos de sus-nuestros hombres, padres, hermanos e hijos, pero sí la creciente “urgencia de colaborar con las familias que enfrentan con dignidad esos crímenes que nos tocan a todos. Es necesario construir colectivamente un camino por donde los pasos de sus-nuestros desaparecidos retornen”[6],porque como escribe Sara Uribe, es necesario “nombrarlos a todos para decir: este cuerpo podría ser el mío. El cuerpo de uno de los míos. Para no olvidar que todos los cuerpos sin nombre, son nuestros cuerpos perdidos”[7].  


[1]Ramírez, L. y Matriogiovanni, F. (2014). Documental ni vivos ni muertos. México. Disponible en: en: https://www.youtube.com/watch?v=C4YsPZUj05I[

2]Ramírez, L. y Matriogiovanni, F. (2014). Documental ni vivos ni muertos. México. Disponible en:  https://www.youtube.com/watch?v=C4YsPZUj05I0

[3]Panfleto a propósito de la desaparición de los 43 Normalistas de Ayotzinapa (2014).

[4]Chandelle, A. & Remacle, P. (2017) México: Justicia para las víctimas. (ARTE France) Francia. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=egwLlgzph4M&lc=Ugzv00cu4hIt aNJ2jGN4AaABAg.

[5]Arellano, F. (2019) ¿El silencio o la denuncia?Ponencia presentada en el 2er. Coloquio de la Residencia en Terapia Familiar Sistémica: Intervenciones útiles. Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM.

[6]Morales, M. (2017) Función social de la intervención terapéutica con familias que están enfrentando desaparición forzada. Ponencia presentada en el 1er. Coloquio de la Residencia en Terapia Familiar Sistémica: “Terapia para tiempos de crisis social; oportunidades y desafíos”. Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM.

[7]Palacios, M. (2017) Violencia y discurso. México: Universidad Nacional Autónoma de México. 

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Cursó sus estudios de Licenciatura en Psicología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAM), titulándose con la tesis ‘Psicosis y arte: bordeando un yo exiliado de sí mismo". Cursó la Maestría en Psicología con Residencia en Terapia Familiar Sistémica en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAM), durante la cual desarrolló un proyecto titulado "Perspectivas en psicoterapia: caracterización de personajes". Alumna de Mtra. Ofelia Desatnik, Doc. Alexis Ibarra, Dra. Lourdes Fernández y Doc. Marcelo Pakman. Ha sido ponente en congresos y coloquios de temas relacionados con la violencia, la pareja y la familia en instituciones educativas y contextos hospitalarios, dictaminadora en artículos de psicología y ciencia social, psicoterapeuta tanto en el ámbito público como en el privado y docente tanto presencial como en línea en el Instituto de Terapia Familiar CENCALLI de temas como violencia y terapia de pareja. Ha brindado acompañamiento terapéutico a personas con autismo y discapacidad intelectual. Interesada en la psicoterapia sistémica, la crítica-poética y la reflexión-en-la-acción. Contacto: https://fabiolaarellanojimenez.blogspot.com/ https://twitter.com/FabiolaArellano https://www.instagram.com/fabarella/

2 Comentarios

  1. Le felicito Doctora Arellano, por sus publicaciones que me dejan siempre un gran aprendizaje .
    Además de distinguirse siempre como los grandes.

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