La reconstrucción de lo íntimo en tiempos de pandemia

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En otro momento me he adherido a la idea de que la pandemia que vivimos ha desnudado por completo la profunda injusticia de nuestro sistema económico, político y social. Sostengo la idea de que la lucha no es precisamente contra el virus, sino que este es el escenario donde se gestan las hostilidades contra verdaderos enemigos como lo son el capitalismo, el machismo y el racismo, mismos que se cristalizan en la violencia, la cual se vuelca sobre nuestra propia subjetividad, rompiéndola.

Creo que esta metáfora de la pandemia como el campo de guerra, es aplicable al campo de lo social y lo comunitario, así como también lo es para lo subjetivo, lo íntimo y lo personal. Las reflexiones que a continuación presento han sido producto de diversos motivos de consulta de aquellas y aquellos pacientes-clientes quienes en el contexto de esta emergencia sanitaria se han visto en la necesidad de poner en el centro de su interés, no sólo el cuidado de la salud física sino también de lo mental.

Las medidas que se han tomado para contener la pandemia —siendo casi inocuas las armas artificiales con que contamos al momento — tiene como eje central el control de la distancia física, que como bien lo dice la antropóloga Rita Segato (2020) es en esencia un distanciamiento social. Con una cuarentena impuesta como medida para contener los contagios, muchos(as) hemos visto transformada radicalmente nuestra cotidianidad, paradójicamente con nuestro cautiverio voluntario hemos tenido la posibilidad del contraste, para poder darnos cuenta de nuestros cautiverios invisibles, aquellos que de tanto normalizarlos casi los tenemos como una segunda piel. Me detengo un poco para desarrollar esta idea. Cuando alguien expone al interior de las paredes virtuales del consultorio, que todo iba bien hasta que llegó el coronavirus, cabe preguntarse sobre lo que está contenido dentro de la palabra todo, se refiere a poder dar vueltas en una plaza comercial, a ejercer la libertad de salir a los mismos lugares a consumir bienes que pagamos con horas de nuestra vida (1), a tener la certeza de que el alcohol o cualquier otra droga está a la vuelta de la esquina, a aferrarnos al trabajo que nos tritura pero que necesitamos para pagar la mensualidad de la tarjeta de crédito, a ejercer la violencia hacia otros o hacía uno(a) mismo(a). Durante nuestro encierro al extrañar tanto nuestra normalidad toca preguntarnos qué nos dicen esas, nuestras necesidades de lo íntimo, lo personal, lo subjetivo. Decía una paciente “cuando me daba cuenta de lo que tanta falta me hacía, comenzaba a saber quién era, esto para bien o para mal”.

Al parar de golpe nuestras prácticas de hiper consumo, nos quedamos sin nuestra dosis acostumbrada que nos mantenía en una especie de anestesia y letargo. Vivir en movimiento permanente siempre en la búsqueda de la novedad, nos impedía reconocer el contraste con un mundo detenido. Recuerdo que alguna vez al transitar por una estación saturada del metro de la Ciudad de México pensaba por qué continuábamos, qué nos hacía dar el paso siguiente a pesar de la desesperanzadora oferta que se nos hacía de la vida. Ahora creo que no nos deteníamos porque en nuestra frontera posible no existía esa opción, pero con la llegada del virus fue instalada como una realidad aplastante.

Con el correr de los días de encierro la incertidumbre se apodera de todo, la circulación de toneladas de información que saturan y limitan casi cualquier capacidad de procesar lo mínimo indispensable para dar sentido a este mundo, nos ha dejado vulnerables, rotas(os), frágiles diría yo. Se rompe esa ilusión de control que pensábamos tener sobre el mundo, la naturaleza y nuestra subjetividad. Somos relegados a una soledad en la que platicamos con nosotros(as) mismos(as).

Con la proximidad de la muerte acechándonos en cada estornudo de quien está junto a nosotros(as) toca valorar de manera distinta los riesgos que estamos dispuestos a correr para seguir adelante, pues como lo ha puesto de manifiesto la comunidad científica, la vacuna contra el SARS-CoV-2 podría llegar en breve o nunca (2). 

Así, en algún momento conversando con un paciente, cuestionábamos qué implicaciones tendrán las conductas de hipervigilancia, viendo en todo lo que nos rodea al enemigo oculto, muy bien representado con la frase que se vertió en una terapia  “dejar de vivir todo lo posible, para cuidar la vida”. Cuando apareció esa frase, reconocimos lo paradójico. ¿Qué sentido tendría tal cosa? Pensemos esta idea con otro ejemplo. Los últimos días, ha circulado una noticia atroz de esta contradicción. El 4 de mayo un albañil de nombre Giovanni es muerto por policías municipales de Ixtlahuacán en Guadalajara, esto en el marco de una detención que dicen sus familiares fue por no usar cubrebocas. Así de contradictorio, “cuidar” la vida destruyéndola.

Viene a mi mente el breve pero certero cuento Casa Tomada de Julio Cortázar, donde dos hermanos dueños de una casa enorme, lentamente son replegados por un temor difuso pero capaz de acabar con ellos, así van perdiendo la parte del fondo, el pasillo, la mitad de la casa, hasta que son expulsados de su morada. Ya en la calle estos hermanos han sobrevivido, pero pagan el precio con el exilio. ¿Nosotras(as) qué precio hemos de pagar para salvar la forma de vida que teníamos hasta antes de entrar en estas hostilidades? ¿será que también el miedo nos ha de expulsar de nosotros(as) mismos (as)?

Cuando volvamos a salir tal vez nos tocará afrontar de manera distinta la vida, construir una nueva noción de sentido no sólo para aquello que queremos retomar sino para lo nuevo que queramos hacer, apostar a transformar conservando. Con los y las pacientes hablamos de que no se trata de que a nuestro regreso hemos de ser personas nuevas (tal cosa suena imposible), sino que quizá será un regreso a la construcción desde nuestras falencias y contradicciones. Visibilizar desde nuestro cautiverio, nuestros otros cautiverios, para poder continuar, encontrar en este sin sentido el sentido, pensar a la muerte como la única posibilidad que contiene a todas las posibilidades, pero no sólo desde el miedo, también como el contraste para dotar a la vida de contenido pues como lo canta Mercedes Sosa: “Eso de durar y transcurrir / No nos da derecho a presumir / Porque no es lo mismo que vivir / Honrar la vida”.

Una cosa para finalizar:

Pido una disculpa pues en este texto queda de manifestó la forma en que algunas personas que tienen la posibilidad de confinarse y de acceder a los servicios de atención a la salud mental, reconstruyen su subjetividad en el contexto de esta crisis. Me pregunto por las personas que no han llegado a los consultorios debido a la brutal desigualdad social que vivimos, los y las que salen a trabajar porque no hay de otra, para quienes la muerte siempre es la compañera del transporte público, para las que viven al día y su mañana está vetado. ¿Ellos y ellas cómo están reconstruyendo su subjetividad en los tiempos que corren?

(1) Como dice el expresidente Pepe Mujica, los cacharros de última generación que compramos, no lo hacemos con plata, los compramos con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para ganar esa plata. Invitamos a ver el video: El valor de la vida  https://youtu.be/r0NQIMIlkIA 

(2) “El nuevo coronavirus podría no “desaparecer nunca” y convertirse en una enfermedad con la que la humanidad tendrá que aprender a convivir, advirtió la Organización Mundial de la Salud” https://www.infobae.com/america/mundo/2020/05/14/la-oms-advirtio-que-el-coronavirus-podria-quedarse-para-siempre/

Referencias bibliográficas

Segato, L. R. (2020). Es un equivoco pensar que la distancia física no es una distancia social. La Nación. https://www.lanacion.com.ar/opinion/biografiarita-segato-es-un-equivoco-pensar-que-la-distancia-fisica-no-es-una-distancia-social-nid2360208

Cortázar, J. (1951) Casa tomada. En: Bestiario. Buenos Aires. Editorial Sudamericana.

Infobae. (2020, 14 de mayo). La OMS advirtió que el coronavirus podría quedarse para siempre. Recuperado de: https://www.infobae.com/america/mundo/2020/05/14/la-oms-advirtio-que-el-coronavirus-podria-quedarse-para-siempre/

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Licenciado y Maestro en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México, actualmente cursa del Doctorado en Psicología en la misma universidad, desarrollando el proyecto de investigación Estrategias de afrontamiento en familiares de víctimas de desaparición forzada. Terapeuta familiar especialista en trabajo con víctimas de graves violaciones de Derechos Humanos. Ha realizado trabajo terapéutico y de evaluación psicosocial con poblaciones en riesgo y comunidades que experimentan Graves Violaciones de Derechos Humanos, como tortura, trata desaparición forzada y feminicidio. Se ha desempeñado como psicólogo forense en la Procuraduría General de Justicia del Estado de México, como perito oficial y particular en el nuevo sistema de juicios orales. Ha facilitado talleres de desarrollo humano, en temas de género, violencia de género, resolución no violenta de conflictos. Cuenta con experiencia Internacional en Buenos Aires Argentina haciendo intervención comunitaria en la Asociación Civil Neike Profam- Fortalecimiento Familiar, trabajando el tema de intervención y atención al abuso sexual infantil.

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