La pandemia por el Covid-19 no es el enemigo, es el campo de guerra.

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Durante estas semanas de contingencia se ha ido desarrollando una narrativa que evoca metáforas de guerra, que han ido rompiendo nuestra cotidianidad. Se afirma que estamos ante un enemigo silencioso, oculto e invisible, que nos acecha y pone en peligro. Desde esta lógica hemos escuchado hasta el cansancio “quédate en casa” o la recomendación «guarda la sana distancia”, instaurando así el mensaje de que nuestros actos cotidianos son de lucha. 

Sin embargo, en el pecado de identificar erróneamente al enemigo, llevamos como penitencia la probabilidad de una lucha perdida. Aclarando que seguramente esta idea no es nueva, ni es completamente mía, propongo mirar al virus SARS-CoV-2 como el detonador del campo de guerra donde se libra la verdadera lucha. Digamos la batalla entre la vida y un sistema-mundo que exhibe sus principales contradicciones, representado por la injusticia y la violencia estructural, efecto de una dinámica social capitalista, patriarcal y xenófoba.  

Pensar al SARS-CoV-2 como un enemigo es antropomorfizar una relación que los humanos siempre hemos tenido con la naturaleza, concederle a este fragmento de ARN las propiedades de una consciencia con una voluntad de exterminarnos, es desestimar que el bien y el mal como categorías existen sólo en nuestros discursos, que si bien nos ayuda a organizar y dar sentido a nuestra vida, para la naturaleza son categorías tan irrelevantes como innecesarias. Como lo menciona el biólogo Antonio Lazcano (1), los virus han contribuido a la evolución de las especies, prueba de ello es que los mamíferos como animales placentarios tuvieron origen en la infección por un retrovirus, pero en estricto sentido eso no es positivo ni negativo para las especies es simplemente una relación, incluso se habla de un proceso de adaptación en donde ambas entidades logran un equilibro que los lleva a coexistir.

Construir una noción de enemigo en una biomolécula, sigue abonando en un pensamiento propio de la modernidad que considera a lo humano como propietario de la naturaleza y no como parte de ella. Durante los últimos cinco siglos, asistimos y participamos en un proceso de extracción desmesurada de recursos porque miramos a la naturaleza no como nuestra casa sino como una mina. Como bien lo señala el filósofo Enrique Dussel, en la era moderna, la racionalidad es definida como la taza de ganancia que tiene que aumentar a toda costa, destruyendo a la naturaleza si es preciso. Lo anterior nos ha llevado a una crisis ecológica en la que ahora se desarrolla esta lucha. Basta mirar que la paralización de la movilidad humana nos ha regalado hermosas postales donde otros mamíferos vuelven a caminar por el que siempre había sido su territorio (2).

En esta metáfora del campo de guerra, el Covid-19 nos ha mostrado que existen autopistas digitales por las que transita información a velocidad inusitada, pero contrario a pensar que esto conlleva tener una sociedad mejor informada, la paradoja es que este fenómeno de saturación en muchas ocasiones nos impide distinguir la información del ruido. Al mirar los contenidos en redes sociales ya no nos sorprende la capacidad virulenta con que las noticias falsas (3) se expanden, generando una enorme incertidumbre en quienes las consumimos. Lo anterior no nos lleva a un proceso de integración y afirmación de la colectividad sino que nos lleva a la desarticulación y polarización. La saturación de información puede explicar conductas tan aberrantes como las agresiones contra personal médico, que se dan sobre todo al estigmatizarlos(as) como portadores del Covid-19, cuando es probable que ellos y ellas sean quienes toman mayores precauciones ante esta crisis.  

La brecha entre pobres y ricos

Otra de las consideraciones para reflexionar al mirar este teatro de operaciones bélicas, es la terrible injusticia social en la que se desarrollan las hostilidades. Resulta que el último informe de Oxfam  señala que en 2019 los 2,153 milmillonarios que había en el mundo poseían más riqueza  que 4,600 millones de personas, evidenciando que no es una brecha sino un abismo lo que separa a pobres de ricos (4), teniendo consecuencias atroces para millones de personas, pues la salud se convierte en un privilegio. El bombardeo informativo de instalar prácticas de higiene como el lavarse las manos con frecuencia, se convierte en un absurdo para comunidades en donde apenas llega el agua y la poca a la que se tiene acceso está destinada para la dieta.

Es cierto que el virus ataca a todos por igual —incluso gran parte de los primeros contagios se han dado en personas con una capacidad de movilidad extraterritorial— sin embargo, es la injusticia social la que ha de matizar hondamente los impactos en la vida de las personas. El proceso salud-enfermedad, aunque biológico es un fenómeno mediatizado por la pertenencia a condiciones económico-sociales concretas. En nuestro país lo precario de las condiciones laborales, hace casi imposible detener la maquinaria productiva pues la frase vivir al día es tan figurada como real.

Las personas continúan saliendo no por un sentido de desobediencia, sino porque han interiorizado profundamente el guion de productividad, pero no para acumular riqueza, sino para sobrevivir a costa de lo que sea, incluso de su propia vida. Esta perversión de la sobrevivencia queda ilustrada en uno de los cuentos de Kafka donde un buitre devora a su víctima, desgarrándole con lentitud los zapatos, para picotear sus pies. El hombre indefenso acepta la ayuda de un buen samaritano el cual asegura que con un disparo es suficiente para que se acabe, sin embargo dice la víctima “…el buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco más lejos, retrocedió para alcanzar el impulso óptimo y como un atleta que arroja la jabalina, encajó su pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; sentí que, en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre, irremediablemente, se ahogaba.”

En esta orografía donde se conducen las hostilidades, marca al privilegio en su dualidad como trinchera para resistir o como pantano que corta cualquier capacidad de movilidad. Quienes podemos parar y resguardarnos en casa dando buenos ejemplos de civilidad afirmamos un sistema que estigmatiza a quienes desobedecen o, por el contrario, podemos convertirnos en verdaderos ejemplos de solidaridad. He visto en redes sociales campañas para consumir lo local, cambiar hábitos de consumo, solidarizarse con las personas en vulnerabilidad. Los caminos que se bifurcan nos invitan a generar productos que verdaderamente transformen la realidad o solo salir a nuestros balcones a cantar el Cielito lindo.

Es un hecho que como humanidad sobreviviremos a esta pandemia. Visto en términos biológicos, siempre una parte de las poblaciones azotadas por las enfermedades termina por adaptarse, pero el mensaje de quienes enfrentamos esta crisis, no necesariamente significa que todos(as) saldremos juntos(as), pues nuestras condiciones al ser tan disímiles no nos aseguran el mismo pronóstico. Al final los daños no podrán ser estimados sólo con las cifras del Fondo Monetario Internacional, será necesario tazar las perdidas más allá de los porcentajes del Producto Interno Bruto (PIB). Ocuparemos otro tipo de lenguaje para describir la incertidumbre de millones de personas que vieron sus sueños arrojados al tiradero de la historia que Walter Benjamin describió en su tesis número nueve.  

Por lo pronto es imprescindible cuestionarnos ¿para qué hemos de salir de esta crisis? ¿Para regresar a una normalidad donde la violencia hace eco en todas las formas de actividad humana? ¿Para perpetuar un modelo de hiper concentración de la riqueza? ¿Para seguir comercializando la salud? ¿Para continuar en el camino suicida que nos ha planteado el sistema? Pensar en este anhelo que se instala en nosotros(as) de regresar a la normalidad me hace recordar con fuerza los versos de Fernández Retamar:

Felices los normales, esos seres extraños. / Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente, / Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida, / Los que no han sido calcinados por un amor devorante, / Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más, / Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros, / Los satisfechos, los gordos, los lindos… / Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles. / Felices las aves, el estiércol, las piedras. / Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños, / Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan / Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos…

Para salir de esta crisis, tal vez sea necesario que los normales den paso a los que hacen los mundos y los sueños, a quienes afirman la vida, es decir, la solución pasa por pensar en una ética de la liberación donde se dé una afirmación rotunda de la vida humana, no en lo individual sino en un sentido de colectividad (5).

1. La conferencia “Los virus hoy y siempre” del Dr. Antonio Lazcano puede ser consultada de manera completa en el siguiente enlace: https://youtu.be/7VDGz5EnkB0

2. Invitamos a mirar la nota  La ausencia de humanos por el Covid-19 da vía libre a los animales, en: https://www.jornada.com.mx/ultimas/ciencias/2020/04/01/la-ausencia-de-humanos-por-el-covid-19-da-via-libre-a-los-animales-7759.html

3. En México la circulación de noticias falsas que son replicadas una y otra vez con personalidades mediáticas mina en demasía la capacidad que tiene los gobiernos de organizar la estrategia de afrontamiento, de hecho la Organización Mundial de la Salud (OMS)  han advertido de estos efectos nocivos. Se puede consultar el texto Las fake news en la era del Covid-19 y cómo combatirlas  en: https://aristeguinoticias.com/2303/mexico/las-fake-news-en-la-era-del-covid-19-y-como-combatirlas/

4. En el informe de Oxfam “Tiempo para el cuidado El Trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad“ se cita un ejemplo por demás revelador de la distribución injusta de la riqueza  “Si cada persona se sentase sobre el dinero que posee apilado en billetes de cien dólares, la mayor parte de la humanidad se sentaría en el suelo. Una persona de clase media de un país rico se sentaría a la altura de una silla. Los dos hombres más ricos del mundo estarían sentados en el espacio” https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/620928/bp-time-to-care-inequality-200120-es.pdf

5. Se puede mirar la conferencia completa “2020: La Pandemia con Enrique Dussel. Ética y política” en: https://youtu.be/ILuu3lYWFAg

Referencias bibliográficas

  • Fernández-Retamar, R. (2014). Entre los poetas míos. Colección de Poesía Social. Vol. 73. Biblioteca virtual Omegalfa.
  • Benjamin, W. (1971) Tesis de filosofía de la historia. Barcelona: Angelus Novus Edhasa.
  • Dussel, E. (1998). Ética de la liberación. En la edad de la globalización y de la exclusión.  Madrid: Editorial Trotta.
  • La Parra, D. & Tortosa J. (2003). Violencia estructural: una ilustración del concepto. Documentación Social 131. Universidad de Alicante: Grupos de Estudios de Paz y Desarrollo.
  • Oxfam Internacional (2020). Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis de desigualdad. Retomado de: https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/620928/bp-time-to-care-inequality-200120-es.pdf

Los invito a consultar los materiales que sirven de base al presente texto en: https://drive.google.com/open?id=1wNMpURkTNVwRvdBlzsT3_XuI4byGwGHA

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Licenciado y Maestro en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México, actualmente cursa del Doctorado en Psicología en la misma universidad, desarrollando el proyecto de investigación Estrategias de afrontamiento en familiares de víctimas de desaparición forzada. Terapeuta familiar especialista en trabajo con víctimas de graves violaciones de Derechos Humanos. Ha realizado trabajo terapéutico y de evaluación psicosocial con poblaciones en riesgo y comunidades que experimentan Graves Violaciones de Derechos Humanos, como tortura, trata desaparición forzada y feminicidio. Se ha desempeñado como psicólogo forense en la Procuraduría General de Justicia del Estado de México, como perito oficial y particular en el nuevo sistema de juicios orales. Ha facilitado talleres de desarrollo humano, en temas de género, violencia de género, resolución no violenta de conflictos. Cuenta con experiencia Internacional en Buenos Aires Argentina haciendo intervención comunitaria en la Asociación Civil Neike Profam- Fortalecimiento Familiar, trabajando el tema de intervención y atención al abuso sexual infantil.

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