La corrupción que no se ve: las estadísticas

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Presentado el primer planteamiento (en el artículo del mes anterior), pasemos a responder las preguntas desde un enfoque estadístico. Si bien, vale la pena aclarar que no hay intenciones en esta serie de textos de revelar una trama de corrupción alrededor de un individuo o grupo de personas, sino más bien señalar los procesos por los cuales el sistema funciona como un catalizador de conductas problemáticas para la adecuada implementación de los servicios de salud.   

En todo caso, quien quiera descubrir a una persona o a uno de esos grupos solo tiene que atender a la lógica que aquí he tratado de evidenciar. Así las cosas, el artículo anterior me sirvió para generar la duda. Una en la cual no hace sentido la multiplicación de los sistemas de salud pública. Y lo podemos notar en la estadística del ISSSTE, de PEMEX, o de cualquier otro hospital de los sistemas de salud destinados a los trabajadores de distintas entidades federativas. Una respuesta la veremos en el control del dinero, pero también en las intervenciones sanitarias, que se aterrizan más allá de las guías de tratamiento o de las estadísticas que deberían justificarlas.  

Propongo entonces que nos demos un clavado a las decisiones clínicas asociadas al gasto ejercido en médicos especialistas y las comparemos con sus necesidades reales.  En este rubro podemos notar que, por ejemplo, las instituciones pequeñas de seguridad social no siempre alcanzan a tener suficientes pacientes dentro de un determinado ámbito clínico, y aún así tienen un “excedente” de especialistas.  

A diferencia de salubridad y el IMSS, la pirámide poblacional de los derechohabientes del ISSSTE o de PEMEX, es una pirámide con una base bastante estrecha. Eso significa que la población pediátrica es menor, y por tanto podríamos asumir que el peso de la contratación de médicos pediatras o ginecólogos es relativamente poca, en comparación con otros sistemas. Y peor aún, cuando consideramos subespecialidades.

Nuevamente, y solo por poner un ejemplo, analicemos la prevalencia de cardiopatías congénitas, pues esta ronda los 2.1 a 12.3 por cada 1000 nacidos, es decir, la probabilidad de padecer una cardiopatía congénita es del 0.2 al 1.2 %. Asumiendo esto como verdad, en un contexto donde hay 15 millones de derechohabientes de los cuales, obviamente no todos son neonatos o menores de un año, el porcentaje de población susceptible de ser atendida podría ser demasiado bajo por lo menos para que un médico con esta especialidad sea redituable, sobre todo si se compara con otras necesidades clínicas de mayor prevalencia, incluyendo el Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad. Solo por citar un ejemplo.

Y es por lo anterior que muchas instituciones pequeñas de salud pública deciden subrogar muchos de sus servicios con baja prevalencia.  Y es por la misma razón que estas necesidades se colocan en los llamados Centros de Tercer Nivel.   

Así las cosas nuevamente preguntémonos: ¿realmente están contratados todos los especialistas que deben ser, o, todos los especialistas que deben ser están contratados?  

Referencia:
Calderón-Colmenero Juan, et. Al. (2010), Congenital heart disease in Mexico. Regionalization proposal, Arch. Cardiol. Méx. vol.80 no.2 Ciudad de México abr./jun. 2010, Departamento Cardiopatías Congénitas. Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez. México, D. F.

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