La bisexualidad no es una etapa

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Comencemos por clarificar que un estereotipo, corresponde a una “imagen” formada por una serie de expectativas o creencias compartidas por una sociedad acerca del “deber ser” que tiene carácter de rigidez e inmutabilidad.

El prejuicio se puede entender como la elaboración de una opinión o juicio de manera anticipada y sin tener evidencia que lo sustente. Cabe señalar que, los prejuicios tienen una importante relación con la disposición emocional que mostramos al momento de conocer a alguna persona.  Entre los prejuicios usuales podemos encontrar la idea que afirma que la bisexualidad es una confusión pasajera, que se tata de una indefinición o que las personas bisexuales suelen ser promiscuas e incapaces de mantener relaciones estables y duraderas.

Ante la ausencia de cuestionamiento del prejuicio, podría experimentarse descalificación, exclusión, burla o incluso violencia.

Antiguamente, en la cultura griega se colocaba una marca física para distinguir y separar a aquellos sujetos considerados “extraños”, o “anormales” y así decidir, en qué y hasta dónde podrían participar en la sociedad. Esta marca se conocía como estigma y a las personas que la llevaban como estigmatizados. Aunque en la actualidad las marcas ya no son físicas, continúan apareciendo.

Recordemos que la bisexualidad es una orientación sexual, que nos indica que tanto hombres como mujeres sienten atracción y pueden establecer un vínculo afectivo-erótico, tanto con hombres, como con mujeres (no necesariamente de manera simultánea). Se trata de un patrón de vinculación afectivo-erótico que se mantiene a lo largo de la vida.

Es necesario derrumbar el mito de que lo que hace la mayoría es lo pertinente. La diversidad enriquece la vida.

Abracemos lo humano y sus matices.

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Licenciada en psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuenta con estudios de Maestría en Terapia Familiar y de Pareja por la misma casa de estudios. Diplomado en Psicoterapia Gestalt por “Comunidades Terapéuticas de México” A.C. Cuenta con 11 años de experiencia clínica. Ha colaborado con diversos centros de atención e instituciones públicas, como el Instituto para la Atención y Prevención de las Adiciones, IAPA CDMX, realizando intervención clínica, capacitación y campañas de prevención del comportamiento adictivo. De 2014 a 2015 se desempeñó como terapeuta familiar residente en el Instituto Nacional de Rehabilitación “Luis Guillermo Ibarra Ibarra”, brindando acompañamiento con enfoque sistémico a personas con discapacidad y sus familias. Cuenta con formación sólida en perspectiva de género integrándola a su trabajo clínico. Contacto: https://mx.linkedin.com/in/nara-pérez-137a6749

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