¿Hay relación entre las emociones y el cáncer?

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Últimamente se escucha con frecuencia que hay una relación directa entre nuestras emociones y el cáncer. Es casi un lugar común la opinión de que fulanito o perenganita enfermaron de cáncer por una tristeza profunda, un coraje mal encarado, una ruptura amorosa, una pérdida de un ser querido o por guardarse sus sentires y no saber expresar sus intimidades. A pesar de esto, la ciencia no ha confirmado estos dichos. Sin embargo, actualmente algunos estudios ya están tomando en consideración tales opiniones referentes a la influencia de las emociones como causa del cáncer.

La pregunta filosófica es cuándo, cómo y por qué la medicina instalada como ciencia moderna decidió dejar de lado la relación entre mente, cuerpo y enfermedad y centrarse en los factores externos (p.e. alimentación, calidad del aire, etc.) para explicar las causas del origen del cáncer. 

Al respecto, quisiera destacar, a manera de respuesta, lo expuesto por  el Dr. Paul J. Rosch en el libro Estrés y cáncer (1986), quien realiza un recuento histórico sobre la hipótesis de la relación entre el cáncer y el estrés o los factores emocionales.

Este médico a manera de conclusión enfatiza que «muchas veces es mucho más importante saber qué clase de paciente tiene la enfermedad, que qué clase de enfermedad tiene el paciente.» Y nos cuenta que ya en la época de la Antigua Grecia, Galeno señala que las mujeres melancólicas, las predispuestas a la melas chole (bilis negra) eran más susceptibles al cáncer. También que una de las definiciones inglesas más antigua del cáncer, que data de 1601, indica que éste es una hinchazón procedente de la sangre melancólica; también que un siglo después, el médico inglés Genfron afirmaba que la perturbación y la pena eran las causas del cáncer.  Por su parte, en 1781, Burrows explicaba que las desequilibradas pasiones de la mente eran las causantes de la enfermedad. Igualmente Nunn ya en 1822 hablaba de la relación entre los factores emocionales y los tumores de mama y Stern observaba que el cáncer de cuello uterino tiene que ver con la frustración. Asimismo, Walshes enmarcaba la influencia de la miseria mental, los cambios de humor y la pérdida de un pariente cercano para desarrollar cáncer.

En el siglo XX esos factores se dejaron de lado y se puso toda la atención en las causas externas, sobre todo se llevaron a cabo investigaciones sobre los carcinógenos que respiramos en el aire y los alimentos que ingerimos.  Esta aproximación contemporánea ocurrió debido a la influencia del filósofo francés René Descartes, quien al abrir la modernidad en la filosofía, propuso ver al cuerpo humano como una máquina, produciendo así el llamado problema mente-cuerpo, es decir, la hipótesis de que la mente (el alma, la psique) está separada del cuerpo, y con ello se provocó una visión mecanicista y reduccionista de la medicina.  

Este dualismo es la respuesta a mi pregunta filosófica planteada al inicio, ya que esta disociación entre el alma y el cuerpo representó un abandono de las raíces clásicas de la medicina que afirmaba la inseparabilidad entre la mente, el cuerpo y la condición humana. Para Platón, como también señala Rosch, ya era un grave error separar al alma del cuerpo, porque el ser humano es un todo y para curar una enfermedad primero se debía ver tanto al alma como al cuerpo.

Esa visión antigua veía a los pacientes como un todo, no como partes. Además de que la fundamentación médica no perdía de vista a las humanidades, la literatura y la filosofía. Cosa que se ha perdido en nuestros días.

Sin embargo, y a pesar de esta tendencia, algunos personajes como Jung sí se ocuparon de estudiar los problemas emocionales de las personas como las pérdidas, la separación, la ansiedad, tristeza, la desesperanza, el desamparo, la incapacidad de expresar ira, resentimiento, la marcada autoaversión, la desconfianza o la pérdida de una relación emocional importante como causantes del cáncer. De hecho actualmente la medicina está llevando a cabo investigaciones al respecto y será interesante en el futuro próximo conocer las conclusiones. Aunque más allá de los resultados a los cuales llegue la oncología y desde mi perspectiva filosófica, sería importante rescatar la visión griega de unir al alma y al cuerpo para poder tratar a los pacientes o enfermos como un todo y con tiempo, sin etiquetas o por partes; y por qué no, también para prevenir enfermedades de cualquier tipo a través de la enseñanza de la gestión emocional humana.

2 Comentarios

  1. Considero que de acuerdo a cómo se plantee la pregunta es la respuesta que obtendremos. Si la pregunta es ¿las emociones “negativas” son causa de cancer? La respuesta sería negativa, estaríamos dándole a la mente el poder de alterar la estructura celular y cambiando códigos genéticos, la mente es poderosa, pero incapaz de realizar cambios tan profundos. Ante las alteraciones físicas que están directamente relacionadas a la psique tenemos los trastornos somatomorfos y las conversiones histéricas, la diferencia entre una y otra sería el contenido psíquico en cada uno de los casos.
    Por otro lado si la pregunta es ¿pueden influir las emociones en el desarrollo del cancer? La respuesta sería positiva, está demostrado que el estado anímico de un individuo tiene influencia en el sistema endocrino permitiendo o retrasando la respuesta inmunológica, pero no por los contenidos psíquicos de los pensamientos o la emoción en sí. Un ejemplo de esto puede encontrarse en la idea de que la risa cura, la risa ayuda a la producción de anticuerpos, en el caso del cancer aquellos anticuerpos encargados de eliminar las mutantes aumentan, la mente influye sobre el cuerpo, pero los contenidos psíquicos no son los que sanan en sí mismos

    • Hola Julio:

      Muchas gracias por tu respuesta. Estoy de acuerdo contigo, efectivamente no se ha probado aún que las emociones «negativas» estén directamente relacionadas con el cáncer; sin embargo sí se ha comprobado la relación de la influencia de éstas en el desarrollo del cáncer. Sería muy interesante un estudio serio sobre lo primero.

      Saludos

      Susana

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