En mi experiencia como terapeuta, en varias ocasiones me he encontrado con conversaciones muy tensas, saturadas de descalificaciones hacia uno/a misma, hacia la pareja, los hijos o la familia, en las que comienzo a notar cambios en el lenguaje corporal, tanto de quien enuncia la queja como de quien o quienes la escuchan: los músculos de la mandíbula se tensan, el ceño se frunce y se percibe una constante tentación por interrumpir al otro para “defenderse”.

En muchas de mis conversaciones, después de haber escuchado y validado el malestar que me comparten, además de hablar un poco sobre qué tan motivados están para hacer las cosas diferente suelo preguntar: ¿hay algo que te gustaría reconocer o agradecer a tu familia, a tu pareja o a ti mismo?, según se aplique. En muchas delas ocasiones suelo encontrar una expresión de sorpresa ante este cuestionamiento, seguida  largas pausas antes de poder hablar y reconocer lo positivo.

Una vez que las personas han logrado conectar con esas cosas positivas, noto un cambio en el ambiente de la conversación. Se aligera, se van relajando poco a poco los músculos, se esbozan sonrisas o sonríen francamente cuando hay dos o más personas que escuchan reconocimiento. En la mayoría de los casos comienzan a poner más atención la comunicación se abre, disminuye la necesidad de defenderse.

Recuerdo también que cuando me aproximé a conocer el abordaje de la Terapia Centrada en Soluciones, hubo tanto una afirmación como una pregunta que me parecieron tanto útiles, como reveladoras. La afirmación era la siguiente: “Nada es totalmente negativo” y la pregunta decía más o menos así: ¿Qué hay en esta relación que funciona bien para ti y qué te gustaría se mantuviera?

Esuchar esta afirmación y esa pregunta me produjeron un sentimiento de esperanza. Al mismo tiempo me hicieron reflexionar en cuán habituados y habituadas estamos a ubicar rápidamente lo que no funciona y la dificultad que se llega a tener para ver los lados fuertes, los lados sanos, alegres, que nos agradan de nuestra persona y de nuestras relaciones.

Quiero aclarar que considero legítimo expresar malestar. Eso también es saludable. Únicamente me gustaría invitar a que, expresar malestar, no implique dejar de dar y darnos reconocimiento por aquellas cosas que hacemos bien y que nos agradan en nosotros, así como en las personas que nos rodean.

Por otro lado, me gustaría compartir con ustedes dos preguntas que espero contribuyan al cambio de enfoque propuesto en estas líneas.

¿Cómo creen que cambiará su día a día y sus relaciones si piensan en las cosas que marchan bien y qué les gustaría que se mantuvieran?

¿Cuál es el primer pequeño paso, un paso sencillo que realizarán ustedes para que lo que está marchando bien se mantenga?

A quienes se encuentren motivados a responder y a practicar lo propuesto en las preguntas les deseo el mayor de los éxitos, recuerden celebrar sus avances. Para quienes este cambio de enfoque no tenga sentido en este momento, sepan que es válido. Gracias a todas y todos por leer Salutare.

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Licenciada en psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuenta con estudios de Maestría en Terapia Familiar y de Pareja por la misma casa de estudios. Diplomado en Psicoterapia Gestalt por “Comunidades Terapéuticas de México” A.C. Cuenta con 11 años de experiencia clínica. Ha colaborado con diversos centros de atención e instituciones públicas, como el Instituto para la Atención y Prevención de las Adiciones, IAPA CDMX, realizando intervención clínica, capacitación y campañas de prevención del comportamiento adictivo. De 2014 a 2015 se desempeñó como terapeuta familiar residente en el Instituto Nacional de Rehabilitación “Luis Guillermo Ibarra Ibarra”, brindando acompañamiento con enfoque sistémico a personas con discapacidad y sus familias. Cuenta con formación sólida en perspectiva de género integrándola a su trabajo clínico. Contacto: https://mx.linkedin.com/in/nara-pérez-137a6749

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