Hablar sobre el diagnóstico de cáncer

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Las diversas enfermedades crónicas son condiciones que pueden experimentarse con una calidad de vida satisfactoria o deteriorada. Esto dependerá de la conjunción de factores económicos, del acceso a un tratamiento, de la disposición al cambio de estilo de vida, apoyo familiar, entre otros.

Estas enfermedades no necesariamente implican la muerte, sin embargo, en el caso particular del cáncer, quizá es la primera idea que viene a la mente.

Ante esta situación no es que se piense en la muerte una sola vez, el pensamiento retorna de cuando en cuando en el proceso y viene acompañado de emociones entremezcladas, no es que venga la ira y después la tristeza, a veces se siente todo al mismo tiempo y no es locura, es una respuesta normal.

Así hemos penduleado mi familia y yo desde que recibimos en septiembre del año pasado el diagnóstico de mi madre, porque en efecto, cuando uno escucha “tiene cáncer” pareciera que en automático aparece con reflector y todo, la palabra muerte. Esto nos ocurrió al primer segundo de escuchar el diagnóstico y nos sigue pasando algunos días, a pesar de saber que el tratamiento va bien, porque los procesos no son lineales.

En ocasiones, aun cuando la persona y la familia sintamos que ya hemos aceptado que la enfermedad está y que el panorama es más o menos esperanzador, es normal que de pronto aparezca la negación, que se exterioriza en miembros de la familia como una llamada a no “dramatizar” o” exagerar”. Recordemos que aunque la familia es un todo, cada miembro tiene su propio tiempo y forma de procesar la noticia.

En el caso del cáncer, el camino es largo y complejo, porque impacta en varios niveles: en el cuerpo-mente de quien lo lleva y en todos los sistemas en los que la persona se desarrolla y vive, como la familia; la pareja; el trabajo; los amigos y en todas las relaciones significativas.

La persona que ha sido diagnosticada con cáncer se enfrenta al problema de a quién, cómo y cuándo decirlo, ese sentimiento de no querer preocupar a quienes se ama, es totalmente comprensible, pues hemos aprendido que amar es evitarle el dolor al ser amado, mas no compartirle el dolor.

El cáncer no solo duele en el cuerpo, también genera malestar emocional, tristeza, miedo, rabia, confusión, incertidumbre y angustia. Puede ser que en este punto se piense que si se comparte la información con la familia y amigos, no se va a quitar, pero, al abrir el tema es posible aligerar un poco la carga, haciendo el desafío más llevadero.

Desde mi experiencia clínica y personal, mi recomendación es no volver el cáncer un secreto. Recuerdo que mi madre y yo hablamos de este tema, comentaba con ella sobre la necesidad de comunicarlo, porque ante un evento crítico como este, es necesario contar con una red de apoyo. La familia nuclear no se basta a sí misma para afrontar los requerimientos, se necesita de la familia extensa, de los amigos, de instituciones y de los nuevos integrantes del sistema, las y los médicos tratantes, que poco a poco se vuelven una especie de “integrantes de la familia”.

En este punto, me gustaría enfatizar en el derecho que tiene la persona que vive con cáncer, a decidir el momento en que lo hace saber, a quiénes y de qué manera.

Al respecto recomiendo que sea en el momento que la persona se sienta tranquila, y principalmente con el deseo de hacerlo, considerando las propias razones y libre de coerción.

Considero útil, comunicar el diagnóstico cuando se tenga clara la información sobre la etapa del proceso de enfermedad, el tratamiento más indicado y el pronóstico, para poder abordar puntos claros y definir conjuntamente que tipo de apoyo se requiere, por ejemplo, decidir quien acompañará a la quimioterapia; cómo organizarse para las labores del hogar; dejar el trabajo o ausentarse.

La parte organizativa es muy importante de gestionar, para reducir la preocupación de la persona que está llevando el tratamiento y permitir que enfoque la mayor parte de su energía en el proceso de combate de la enfermedad, también ayuda a reducir el cansancio, angustia y sobrecarga que puede presentar el cuidador o cuidadora primaria, que dicho sea de paso, también requiere cuidados y tiempo propios.

Hablar en familia y con el personal médico sobre los impactos que puede tener el diagnóstico y el tratamiento en la vida cotidiana es el primer paso de un camino largo, con días duros, pero que es más llevadero en compañía, porque ineludiblemente confronta con la fragilidad de la vida y a la vez con la esperanza de vivir.

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Licenciada en psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuenta con estudios de Maestría en Terapia Familiar y de Pareja por la misma casa de estudios. Diplomado en Psicoterapia Gestalt por “Comunidades Terapéuticas de México” A.C. Cuenta con 11 años de experiencia clínica. Ha colaborado con diversos centros de atención e instituciones públicas, como el Instituto para la Atención y Prevención de las Adiciones, IAPA CDMX, realizando intervención clínica, capacitación y campañas de prevención del comportamiento adictivo. De 2014 a 2015 se desempeñó como terapeuta familiar residente en el Instituto Nacional de Rehabilitación “Luis Guillermo Ibarra Ibarra”, brindando acompañamiento con enfoque sistémico a personas con discapacidad y sus familias. Cuenta con formación sólida en perspectiva de género integrándola a su trabajo clínico. Contacto: https://mx.linkedin.com/in/nara-pérez-137a6749

4 Comentarios

    • Miguel Ángel muchas gracias por leernos. Me da mucho gusto que te haya gustado el texto. Es muy necesario hablar sobre los impactos del cáncer y otras enfermedades más allá de lo corporal.

      Te invito a seguir pendiente de las publicaciones de Salutare.
      Un abrazo

  1. Tal cual como lo describes en este artíulo, fueron los procesos por los que pasamos en la familia y como lo mencionas hay integrantes super positivos y algunos que; supongo que por el miedo; se expresan con pocas esperanzas. Es como un trabajo en equipo.

  2. Rebeca, gracias por tu comentario, en efecto el miedo llega a ser una emoción muy presente en estos procesos y en algunos miembros de la familia podría manifestarse en discursos un poco menos positivos y a ratos muy negativos, porque resulta complicado ante un diagnóstico de esta naturaleza construir una suerte de esperanza realista… Pareciera a simple vista que esperanza y realismo no se llevan, ¿verdad? pero no es necesariamente cierto, ¿tú que opinas, cómo resolvieron estos retos tu familia y tú?

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