Los derechos humanos tendrían que empezar por casa. (Andrés Domínguez)

Algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales en la vida de familia son la extorsión, el insulto, la amenaza, el coscorrón, la bofetada, la paliza, el cuarto oscuro, la ducha helada, el ayuno obligatorio, la comida obligatoria, la prohibición de salir o de decir lo que se piensa, lo que se siente, y la humillación pública.

La cultura del terror/2”, obra del escritor y filósofo uruguayo, Eduardo Galeano, menciona que hay castigos como la desobediencia y el escarmiento de la libertad, que forman parte de una tradición familiar que perpetúa una cultura del terror donde se humilla a la mujer, se le enseña a los hijos a mentir y se contagia la peste del miedo.

Este texto de Galeano puede ser una referencia en el tema de la violencia, los abusos y las injusticias que se viven en el interior del núcleo familiar. Y más allá de enlistar estás prácticas transgresoras en las vidas de niños, niñas y adolescentes (para fines prácticos, dejaré de lado lo tocante a las y los adultos, pues quienes viven mayormente los efectos negativos de estas situaciones son los grupos vulnerables ya citados), se desea presentar aquí una contribución a la construcción de historias que fortalezcan la voz de hastío, hartazgo y frustración por la convivencia (sobre todo en fechas venideras, como lo son Navidad y año nuevo).

La vida occidental, como la conocemos, sucede en un marco de referencia íntimamente ligado a una moral judeocristiana, que entre sus “dogmas” enarbola lo siguiente: “honrarás a tu padre y a tu madre”; pero en casos de violencia ¿cómo se puede honrar a alguien que me violenta? ¿cómo alguien que abusa de mí (en lo emocional, físico y psicológico) puede ganarse mi “honra” o mi “respeto”? ¿Será que tal vez se ha mal entendido esta idea?

Así como recientemente se ha vuelto una moda usar el concepto de “relaciones tóxicas” (en cuanto al tema de las relaciones de pareja, principalmente) ¿será que también es posible hablar de relaciones tóxicas con miembros de nuestra familia? ¿Cómo le hacemos para “salirnos” de esas relacionas “tóxicas” ?, ¿de qué recursos echan mano las niñas, niños y adolescentes para combatir relaciones “tóxicas” con su mamá, papá, hermanos o familia lejana como tíos, primos o abuelos?

Quizá revelar estas preguntas pueda resultar algo incómodo, por no decir difícil, pero una persona ¿estaría de acuerdo en que merece una vida libre de malos tratos venidos de esas personas que se supone “están para apoyarnos, querernos y cuidar de nosotros?

Una posibilidad para elaborar mejor esta situación tiene que ver con una de las metáforas ocupadas en las prácticas narrativas, conocida como “El Club de vida”. ¿Es posible imaginar, así como en los clubs deportivos o sociales donde se otorgan diferentes tipos de membresías con acceso a diferentes privilegios, en nuestra vida y en nuestras relaciones que también pudiéramos obtener diferentes “niveles de membresías”? Invito al lector a poner a funcionar su imaginación y su creatividad: imagine que puede otorgar, retirar y actualizar sus relaciones (en este caso con la familia), como si se tratara de la membresía de un club, en donde la persona con la membresía más privilegiada (p.e., Platinum) puede estar más cerca de la vida, compartir tiempo con usted y disfrutar del afecto compartido; la persona con la membresía con privilegios medianos (p.e., Gold) puede seguir perteneciendo a tu club de vida, pero no se compartirá tanto tiempo como en el ejemplo anterior; y, por último, están las personas con la membresía más básica (p.e., Silver), las personas con esta membresía, seguirán formando parte de su vida, pero no ocuparan tanta atención, no serán las primeras que invitaría a una reunión, etcétera.

Usar esta metáfora para replantear los vínculos, puede ser de mucha ayuda, sobre todo, si por razones muy personales, se desea mantener a personas como parte de su club de vida, pero se tiene ciertas reservas para con ellas. Esta forma de vinculación también se vuelve práctica, pues se pueden otorgar ascensos, descensos o revocaciones de esta membresía.

[1] Galeano, E. (1989). El libro de los abrazos. Uruguay: Siglo XXI editores.

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Psicólogo clínico egresado de la licenciatura en psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuenta con formación adicional en materia de Prácticas Narrativa en la Prevención y Atención de la Violencia de Género por Diplomado del mismo nombre; además, por la misma vía, cuenta con conocimientos en materia de Docencia Universitaria. Actualmente forma parte, como voluntario del Centro de Atención Comunitaria en Casa Tonalá, espacio que brinda atención psicológica a bajos costos desde la Terapia Narrativa. Tiene en su haber diferentes talleres con temáticas sobre Nuevas Masculinidades y Relaciones de Pareja abordados desde la Terapia Narrativa y la Terapia Centrada en Soluciones. Su experiencia terapéutica es de 6 años en sus versiones: individual, familiar y de pareja. En el ámbito docente, cuenta con 1 año de experiencia como adjunto a nivel licenciatura y 2 años como Orientador Educativo en educación media superior. Contacto: Celular: 55 2219 4938

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