Emociones: la parte más primitiva de nuestra sensibilidad

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¿Qué son? La parte más primitiva de nuestra sensibilidad, son algo que compartimos con todos los seres vivientes, una especie de shock, un golpe hacia nuestros instintos. La emoción en sí dura unos minutos que nos deberían dar la oportunidad de reaccionar.  Son naturales, cada emoción tiene una función benéfica y adaptativa en los seres humanos al favorecer una reacción frente a un estímulo:

El enojo, por ejemplo, nos da la pauta para determinar límites, fomentar el respeto hacia uno mismo, pintar la raya dicho de manera sencilla.

El miedo nos permite tomar distancia de alguna situación que nuestro cuerpo y mente considera riesgosa y nos convoca a tomar alguna acción, tal vez correr, tal vez inmovilizarnos, bajar la voz o subirla, esas cosas que no sabemos ni cómo, pero que se nos ocurren en el momento. Por ejemplo, podríamos ladrarle fuerte a un perro sin haberlo planeado antes.

La tristeza nos deja en una situación reflexiva, necesaria probablemente para tomar alguna decisión o llorar alguna pérdida u observar un momento de nuestras vidas.

La afectividad es la manera que tenemos para socializar, para conservar amistades, para crear y ser parte de estructuras de apoyo.

La alegría es la pila, son aquellos momentos que disfrutamos por lo que hacemos o lo que dejamos de hacer. A quienes les gusta caminar y lo hacen, es más probable que durante la mañana se sientan de mejor humor; a quienes le gustan determinados platillos y los cocinan o los consumen, la satisfacción va más allá de eliminar el hambre.

En cada caso el organismo produce las hormonas necesarias para que el cuerpo actúe: adrenalina, cortisol, oxitocina, etc.

Hay diferentes teorías o modelos en cuanto a las emociones primarias, algunos manejan cinco, como las que le he mencionado, otros agregan más. Este modelo parece sencillo y completo.

Por supuesto que hay otras emociones que son mezclas de las mencionadas anteriormente, por ejemplo la frustración que se acerca mucho al enojo pero también se compone de miedo o el miedo y la tristeza, nos llevan al aburrimiento. Todas las emociones se pueden combinar, pero es indispensable reconocer las sensaciones de las emociones primarias para saber lo que nos está pasando. ¿Qué sentimos cuando nos enojamos? ¿En la cabeza, en la panza, en los ojos?

Mostramos de manera clara y sucinta lo que son las emociones desde el punto de vista biológico o químico sin embargo, la sociedad y la cultura en la forma en la que nos enseña a hacer las cosas, también interviene. Por ejemplo, nos dice  que no hay que demostrar enojo, que hay que controlarse, no llorar cuando se tengan ganas, no gritar, no reír a carcajadas. En algún momento de nuestras vidas seguramente nos dijeron ‘no te enojes, no vale la pena’. Y cuando nos enojamos, nos lo tragamos; ‘no llores, no pasa nada, todo está bien’. Y al estar tristes nos obligamos a sonreír. Seguramente hemos escuchado que los hombres no lloran o que las mujeres no deben ser escandalosas. Así es como aprehendemos a reprimirnos, peleando con nuestras emociones y todos aquellos productos del organismo se quedan ahí porque ya no usamos la adrenalina que nos iba a ayudar a gritar y al ser como una bombita lista para explotar, explota pero en el hígado. La fuerza que necesitábamos para correr ahí se quedó y el corazón se mantiene acelerado, el llanto que tenía que brotar entre lamentos permanece atorado en la garganta y el esfuerzo de contenerlo nos daña.

Al no expresar las emociones, les damos más tiempo para que se queden: rumiando el enojo, intentando vengarnos, manteniéndonos molestos durante tiempos considerables o llorando a escondidas. Así es como las emociones se van convirtiendo en sentimientos que nos acompañan durante mucho tiempo de nuestra vida y como le vamos sumando cada vez más, llega el momento en que acumulamos tanto enojo que podemos convertirnos en una persona iracunda, o es tanta la tristeza que deviene en depresión leve, mayor, distimia, etc. Podríamos vivir paralizados sin enfrentarnos a nuevos retos, siendo dominados por el miedo, intentando agradarles a todos o bien, olvidándonos de pensar en lo colectivo.

Desde la inteligencia emocional, la salud emocional, la somatización, etcétera, se llega a la certeza de que todas las emociones (las básicas y las derivadas) no se deben esconder, reprimir, controlar ni eliminar. Digamos que hay que dejarlas fluir, manejarlas, estar, expresarlas y dejarlas cumplir con su función.

Cuando las emociones se reconocen, se pueden manejar para que no se intensifiquen. No es fácil perderles el miedo y sentirlas en su justa dimensión pero es importante trabajarlas para equilibrar nuestra vida un poco más.

Trabajemos juntos.

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