El año en que todo paró

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El 2020 nos deja casi a todos con un apretujón en el pecho. Nos quitó varios de nuestros más preciados placeres, como comer en nuestro lugar favorito, dormir placenteramente, conversar y reunirnos con quienes amamos, ir a los conciertos que nos gustan, bailar en una fiesta, salir de nuestras ciudades de vacaciones o de fin de semana, tener sexo libremente, etcétera. El 2020 también nos dejó sin cumpleaños, sin verano y sin poder respirar profundamente cuando salimos. Pero para algunos este año fue lacerante, porque se llevó a sus seres queridos.

Hoy en día hay muchas interrogantes hacia lo que viene. ¿Será que el 2021 será más afable? ¿Será que pronto tendremos acceso a una vacuna? No hay cómo saberlo. Lo único de lo que tenemos certeza es del presente y, pese a todo, hay que vivirlo. Pero esto no significa que debamos echar todo por la borda y desconsiderar las medidas de protección contra el virus para vivir al máximo, a menos que estemos dispuestos a enfrentar las consecuencias que, en el caso más extremo, podría ser incluso nuestra propia muerte o la de nuestros seres más cercanos.

Por esto, quisiera compartirles algunas experiencias sobre cómo sobreviví al 2020 evitando que la ansiedad por el futuro se apoderara de mí, y que me ayudaron a entender que la vida, sea como venga, se puede llevar bien.

Primeramente, el 2020 me acercó a mi familia y a mi mascota. En otros momentos, por cuestiones trabajo no habría podido pasar tanto tiempo con ellos. Las conversaciones por la tarde, los fines de semana haciendo un asado o los juegos con mi perrita después del trabajo, con el tiempo, se convirtieron en mis mejores hobbies.

En segundo lugar, me enfoqué en el trabajo. Como tengo un pequeño negocio, pude trabajar algunas horas extras, hacer planificaciones para el próximo año y mejorar algunos procesos.

En tercer lugar, pude hacer algunos ahorros. Gastos como salir a comer, ir al gimnasio, ir salón de belleza, o salir de viajes se vieron disminuidos o recortados completamente.

Otra actividad que asumí durante esta pandemia fue ocupar algún tiempo en capacitarme, realicé algunos cursos y participé de diversos webinars. Sobre este punto, quisiera compartir también que en muchos momentos estuve cansada de solo trabajar y estudiar, por lo que también me permití hacer algunas pausas, pues no me sentía bien mental ni físicamente para comprometerme en actividades que requerían de tiempo, de energía o de capacidades creativas. Esto fue muy importante, porque aprendí que las pausas son necesarias. A veces solo necesitamos pasar un día tirados en la cama.

Hubo muchos momentos de frustración en este 2020, especialmente cuando me enfermé de Covid-19 y, conmigo, algunos miembros de mi familia. Nosotros nos cuidamos, pero no sabemos qué pasó. Percibir cómo se deterioraba mi salud o la de mis familiares no fue fácil. Especialmente porque se trataba de un virus poco estudiado y porque el acompañamiento médico fue básicamente remoto. Afortunadamente, nos recuperamos muy bien.

Finalmente, solo me queda decir que no importa qué tan glamurosa o numerosa sea nuestra cena de Navidad o de año nuevo este 2020 si estamos bien, porque hay mucha gente que falta este año. Un millón y medio de muertes en el mundo, ocasionadas por la pandemia, se dice fácil; pero se traduce en muchas familias incompletas. Por eso, hay que comprender que la razón debe apremiar en estas fiestas y antes que cualquier celebración, está la responsabilidad de cuidarnos.

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