DOS EROS: entre el amor eterno y el amor efímero

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En una época en donde la letra de música de reggaetón versa “felices los cuatro” y luego un meme añade: “pensé que éramos cuatro, pero le revisé el celular y éramos veinte”, parece imposible, anticuado, fuera de lugar, increíble y casi mocho o conservador o al menos sumamente ingenuo decir, sin pena o vergüenza, que aún quedan “raros” que desean un amor para toda la vida, pues la tendencia marca que no es lo de hoy, que no parece admisible para nuestro mundo acelerado. Resulta sospechoso y hasta insano, dirían algunos especialistas, psiquiatras o psicólogos, pensar así, pues los estudios muestran que cada vez más la gente se divorcia y tiene más parejas y cambia de éstas como de ropa interior. ¿Será?

Lo genial de la filosofía, de que ésta no sea una ciencia y de que no le preocupe preguntarse sobre lo que se le pega la gana, sin el mayor de los descaros, es que ella puede cuestionar más allá de lo que dicen las ciencias sobre lo que desea o no la gente. Y lo más seguro es que efectivamente aún quedan algunos que quieren un amor eterno que, además, van contra corriente y creen que esto es viable y posible, más allá del adoctrinamiento sobre el tema y la reproducción de las canciones de Maluma que aseveran lo contrario diariamente.

Frente a esto, se pueden rescatar algunas de las ideas contenidas en el texto clásico más conocido de la filosofía que trata sobre el amor: el Banquete de Platón. Las aproximaciones a este escrito resultan innumerables y se podría asegurar que, debido a que ha sido estudiado casi exclusivamente con una mirada académica, lo que siempre se destaca son las interpretaciones acerca del mito del andrógino –explicado por Aristófanes–, o la caracterización de Eros como demon –propuesta por Diotima–. Sin embargo, los encomios que ofrecen sobre Eros, Fedro, Pausanias, el médico Eríximaco o Agatón han pasado casi desapercibidos.

Lo interesante de posar los ojos en ello está relacionado con muchos de los temas que son completamente vigentes para la salud emocional y mental, pues sorprende cómo es que a través de estos personajes Platón ya nos habla en el Banquete del enamoramiento, de los amantes, de los amados, de los amorosos, de los que están dispuestos a morir por amor, de los pusilánimes que no se atreven a morir por amor, de las venganzas del amor, de los poseídos por el amor, del amor vulgar, del amor de los mancebos, de la esclavitud voluntaria por amor, del amor en lo animado y en lo inanimado, del amor que reside en lo sano y en lo enfermo, del disfrute, del placer y del deseo en relación con el amor, del caos y del orden vinculados al amor, del adulterio, el lesbianismo y la homosexualidad, así como de los corazones, las confusiones y las lenguas amorosas.

Aún quedan algunos que quieren un amor eterno que, además, van contra corriente y creen que esto es viable y posible, más allá del adoctrinamiento sobre el tema y la reproducción de las canciones de Maluma que aseveran lo contrario diariamente.

De entre todos estos tópicos, uno de los que más llama la atención por su actualidad es el ya mencionado con respecto al amor eterno y el amor efímero. Platón, maestro de las alegorías y las figuras aborda esta cuestión de manera muy ilustrativa, pues este filósofo nos habla sobre dos tipos de amor. Asegura que Eros no es uno, ¿cómo es eso posible? En voz de Pausanias, cuenta que existen dos Eros: el Pandemo (hijo de Zeus y Dione en relación también con una de las Afroditas) y el Uranio (hijo de Urano, más antiguo y estable). El primero es el vulgar, el que comúnmente ejercen los hombres ordinarios, aquellos que aman más a sus cuerpos que a sus almas, aquellos que se fijan más en el físico que en la inteligencia. En cambio, el segundo es aquel que se rige por un principio masculino, entendido éste como el dar, que es más viejo, más experimentado, que no se deja llevar por la apariencia, que está libre de violencia; es el tipo de amor que pueden ejercer sólo aquellos que están preparados para estar con el ser amado toda la vida, pero sin engañarle y sin abandonarle; es aquel que no gasta su energía en lo incierto.

Es cierto que esta es una interpretación que podría discutirse sobre este fragmento del Banquete, pues para comprender la obra cabalmente tendríamos que adentrarnos más en la propuesta filosófica de Platón; sin embargo, lo que se pretende destacar no es como tal la distinción didáctica sobre los dos Eros, sino la importancia de que aún existen, conviven y perviven ambos tipos de amor, ya que aún hoy podemos, simplemente como Pausanias, reconocer que cada quien es libre de elegir cuál de los dos Eros le va mejor a su vida, si el Pandemo o el Uranio.

No es que este artículo trate de proponer que uno es mejor o peor que el otro, más bueno o más malo, sino que esto simplemente tiene que ver con el tipo de deseo que se tiene con respecto al amor. Tal vez es como escoger entre Maluma y Bach. Son preferencias y no recetas morales. Esto es filosofía, a fin de reflexionar, tanto para los enamorados del día de San Valentín como para los amorosos de Sabines.

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