¿Dejar de ser madre? ¡Escándalo!

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Culturalmente y a lo largo de los años se ha entendido el ser mujer como sinónimo de ser madre. En muchas familias se vuelve, incluso, una tradición que no se puede romper y que más bien es una idea que toma fuerza con el paso del tiempo, volviéndose presuposicional, a través de comentarios que se “siembran” entre las distintas generaciones, como “cuando tengas hijos me entenderás”, frase casi universal. Pero no se trata de estar peleadas con la idea de ser madre o no; sin embargo, pareciera que hay una ley que lo dicta.

Elegir ser madre tiene muchas implicaciones, tanto físicas como emocionales y que impactan en las distintas esferas de desarrollo: personal, familiar, relación de pareja, ámbito profesional o laboral y hasta en el medio ambiente. Hay quienes no están dispuestas a agregar a su ritmo de vida el rol de mamá “convencional”, justo por el impacto en las áreas mencionadas y, por ello, optan por otras formas de ejercer “el sentido maternal” ya sea con una mascota, cuidando de plantas u ocasionalmente a los sobrinos. 

Pero ¿qué pasa con aquellas mujeres que toman la decisión de ser madre y se enfrentan a conjugar este rol con otros que ya ejercían? Definitivamente se enfrentan a dificultades constantes y la principal es que casi automáticamente desde que se convierten en madre está implícito que ese será el rol más importante por encima de los demás. Aunado a esto están los estereotipos y los cánones sobre ser una “buena madre”. Luego, este papel va sobresaliendo en la vida de las mujeres relegando otras áreas de desempeño que son complementarias en la vida de una mujer como disfrutar de una carrera profesional, de la relación de pareja o de otras relaciones interpersonales, llevándolas a sentirse frustradas u obligadas a ser únicamente madres en el sentido estricto de la palabra. En esta tónica es importante mencionar que ejercer la maternidad no está peleado con continuar ejerciendo otros roles importantes en la vida de las mujeres. Convertirse en madre no es renunciar a ser mujer, profesionista, amiga, hija o apasionada de la vida, aprender nuevas habilidades, practicar sus pasatiempos favoritos o simplemente disfrutar tiempo a solas sin remordimientos. 

No necesariamente se trata de ser madre las 24 horas del día, los 365 días del año. Es claro que hay que contribuir a fortalecer el desarrollo de los niños y a brindar las herramientas necesarias para la vida, para que cuando llegue el momento puedan volar y desenvolverse libremente. Sin embargo, no se trata de dirigir todos los esfuerzos únicamente a eso olvidándose de ellas mismas y de las actividades que les gustaban antes de ser madre; también se trata de crecer personalmente, así como de alimentar sueños y proyectos de vida propios.   

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