De padres e hijas

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Históricamente el padre es la figura que da protección y sustento a la familia, a hijos e hijas, pero especialmente a las hijas, consideradas como seres sin fortaleza ni valentía de tal forma que los padres decidían sobre su vida, su profesión, su matrimonio, sus actividades diarias, etcétera, usualmente en función del cuidado de los varones de la casa. Para ello las mujeres sólo tenían que saber cocinar, limpiar, escuchar, sonreír, servir y obedecer.

Las responsabilidades femeninas se cumplían hasta que ellas eran entregadas a otro hombre en matrimonio, entonces el esposo tenía la tarea de continuar protegiéndola. El padre incluso dialogaba sobre el futuro de su hija con el marido antes que con ella.

Siguiendo estos patrones, no es difícil, de acuerdo a la sabiduría popular y profesional, sostener que el padre es la clave del éxito de la hija, sobre todo en el amor y en el trabajo. En nuestra cultura patriarcal incluso se considera que cuando una mujer tiene éxito se debe a su padre; y si ella fracasa, la culpa es de la madre.

Aquí vale preguntarnos, cuán distantes estamos de estos modelos.

Independientemente del tipo de vinculación que desarrollen padre e hija está claro que la figura del padre es relevante en el desarrollo de las mujeres. Podría enlistar todo lo que nos enseñan nuestros padres: a usar una herramienta, a usar el transporte público, a mirar a otros hombres, yo al menos de él siempre recibo un análisis psicológico e intelectual de cada uno que le presento. De ellos aprendemos cómo tratar a otras mujeres y cómo esperar que otros hombres nos traten, muchas veces desde el maltrato, congruente con nuestra cultura patriarcal.

También aprendemos de lo que no hacen y las palabras que no dicen. Como cuando los padres son ausentes, o definitivamente abandonan a la familia ¿Aprendemos a ser abandonadas? ¿Aprendemos a abandonarnos? o ¿Aprendemos a ser más independientes?

Revisar nuestras ideas acerca del rol del padre en la familia es una tarea pendiente. Sobre todo, ahora que el tipo de familias se diversifica más allá del modelo tradicional madre, padre, hijas e hijos; y que cada vez son más las mujeres que cuestionan su actuar pasivo y se atreven a pensar y decidir por sí mismas. Es evidente que estas situaciones causen fricciones entre miembros de la familia y cuestionamientos internos.

A pesar del tiempo, nos dice Carter (1991) que como sociedad tendemos a albergar una imagen bastante simplista del buen padre protector y cariñoso. Imagen con la que podemos no advertir si está omitiendo enseñarle a la hija a tener confianza en sí misma, a ser independiente y valerosa, y a adquirir la capacidad de enfrentar con seguridad el mundo; y quizá lleguemos incluso a negar o a pasar por alto el hecho de que puede estar abusando de ella. Por eso es fundamental en esta sociedad cambiante preguntarnos: ¿Qué están enseñando los padres a sus hijas? ¿Qué tipo de relaciones conviene construir para contribuirles a su sano desarrollo?

Carter (1991). «Padres e hijas». En Walters, Carter, Papp y Silverstein  La red invisible. Pautas vinculadas al género en las relaciones familiares. Pp. 109-181. España: Paidós Ibérica. 

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