Hace algunos meses nos encontrábamos celebrando un nuevo año, para muchas personas un año, de nuevas metas por cumplir, viajes por hacer, proyectos por emprender, etcétera. Muchas familias se encontraban reunidas en espera de las 12 de la noche para brindar y abrazarse. Casi al mismo tiempo que esto pasaba, también cobraba fuerza una noticia que surgió en Wuhan, China: una nueva cepa de coronavirus amenazaba la salud de todos en el mundo; pero era muy pronto para pensar en los alcances que tendría.

Con el paso de los días, se escuchaban cada vez más casos en distintos lugares del mundo, algunos de gravedad y muchos otros, recuperándose. Con ello, también comenzaba a expandirse la incertidumbre y el miedo, parecía que todos aquellos planes en los que se pensaba al brindar por un nuevo año tendrían que posponerse.

La angustia estaba cada vez más presente en nuestras vidas. Comenzaron las recomendaciones de aislamiento, “cuidarse uno para cuidar de todos”; evitar el contacto físico se ha convertido en la recomendación general en el mundo, las calles vacías, las vacaciones interrumpidas, las familias y amigos separados, etcétera.

Es reconfortante saber que todos estos sentimientos son normales. Es una respuesta natural frente a momentos de adversidad, sin embargo, hay que saber cómo manejarlos para que no se conviertan en una bruma que opaca la vista. Algunas recomendaciones para ello son: evitar sobresaturarse de noticias, mantenerse activos, ya sea haciendo ejercicio en casa, leyendo, aprendiendo entre otras actividades. Estar activos es algo necesario para cualquier ser humano; también es importante reconocer los momentos de ansiedad, angustia, tristeza o miedo y dedicarles el tiempo necesario para sentirlos y también dejar que pasen.

Cualquier sentimiento, por más desagradable que sea, pasa y aun cuando deja huella en nosotros, queda como una experiencia más de vida para reconstruirnos a partir de estas experiencias. En la cultura oriental, hay una técnica llamada “Kintsugi” que consiste en arreglar las piezas rotas de cerámica, con un barniz espolvoreado con oro molido, esto hace que el valor de lo que parecía perdido, aumente y las “heridas” se muestran como parte de la historia de ese objeto, ahora más bello y valioso.

Si adoptamos esta idea, podemos pensar en reconstruirnos a partir de todos esos sentimientos y encontrar cuáles son las cosas que, como oro molido, nos ayudarán a unir las piezas y a mostrar una versión distinta que también formará parte de nuestra historia.  

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