¿Cuántas veces al año te haces un chequeo? Una historia sobre la batalla por la vida

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En colaboración con Adriana Torres

El cáncer es una enfermedad devastadora. Como bien sabemos, hace que nuestro cuerpo genere un exceso de células malignas que invaden nuestros tejidos sanos, sin embargo, al igual que otras enfermedades crónicas, no solo ataca a nuestra salud, sino también a nuestra autoestima, nuestras emociones, nuestra vida social y nuestro desarrollo profesional.

A lo largo de mi vida profesional he tenido la oportunidad de conocer grandes profesionistas y extraordinarios seres humanos que me han llenado de aprendizaje y lecciones. Adriana Torres es una de ellas. Tras casi 10 años de conocerla, puedo decir que es una exitosa profesionista en el campo de Recursos Humanos y una persona extraordinaria. Adriana atravesó por una situación de salud muy crítica que nos compartió para Salutare. Ella, a pesar de no ser cabalmente diagnosticada con cáncer, sí vivió un estado muy crítico en el que atravesó por etapas complicadas que la llevaron a replantearse todo lo que hasta el momento era parte de su rutina de vida. Desafortunadamente, cuando sintió alivio tras no haber sido diagnosticada con cáncer, apenas estaba por iniciar el momento más crítico de su salud.

De acuerdo con el Inegi, el cáncer es la principal causa de muerte a nivel mundial. Estar en una etapa de diagnóstico y pensar que podemos ser parte de esta cifra desata una serie de reacciones emocionales tanto en nosotros mismos como en las personas más cercanas. Adriana padecía quistes en los senos y atravesó por una serie de estudios que llegaron a hacerle pensar que podía tratarse de cáncer de mama.

“Aunque no tuve diagnóstico de cáncer, existía una probabilidad alta por la velocidad en el crecimiento de los quistes, en menos de un mes había cambiado mi vida, sin duda el miedo es el enemigo número uno a vencer. Pensé en mis padres, en mi novio, en mi trabajo, en la cirugía y lo que estaría pasando miles de pensamientos en segundos pasaban por mi mente”, compartió Adriana.

Ante este estado de incertidumbre, el paciente necesita cambiar muchas decisiones de vida y replantearse otras. En el caso de Adriana implicó restablecer sus prioridades: “poner en primer lugar mi vida y mi salud; no dude en operarme de inmediato, dejar la instrucción precisa al médico sobre que, si al abrir había indicio de cáncer, tenía mi autorización para extirpar el o los senos. No tuve tiempo de pensar en lo que pasaría si fuese cáncer; solo tuve fe y confié en Dios, pensé en salvar mi vida, aunque eso implicará no tener un seno o dos, no ser madre.”

Cuando el paciente ha dedicado su vida al desarrollo de una profesión que le apasiona, es muy común que su carrera profesional se vuelva una prioridad crítica y el atravesar por un proceso de diagnóstico de una enfermedad crónica que pueda poner en riesgo su profesión es de suma relevancia.

Finalmente, Adriana salió de la cirugía con buenas noticias sobre la extracción de los quistes, sin embargo, su salud se complicó y este problema, ajeno a los síntomas iniciales, fue lo que la llevó a hacer una pausa en su carrera y a tomar fuertes decisiones profesionales.

“Finalmente y gracias a Dios esto no cambió mi vida profesional ni personal. A veces uno cree que pensar en el cáncer o en una cirugía son cosas fuertes sin saber los planes de Dios. Regresé a laborar después de unos días de incapacidad sin saber que, meses después, una situación inesperada me cambiaría radicalmente la vida: el 21 de Marzo de 2016 en el puente previo a semana santa tuve un dolor de cabeza tan intenso que lo confundí con migraña, me llevaron a urgencias y solo me inyectaron algo para el dolor, estuve en casa y el dolor no se quitaba, así estuve unos días más y regrese a urgencias donde  nuevamente me inyectaron y me dieron de alta, pero el sábado 26 de Marzo ingresé a urgencias en otro hospital donde me diagnosticaron un derrame cerebral. Esto cambió mi vida. Mi familia y mi esposo me contaron que estuve en terapia intermedia totalmente sedada. En mis 15 años laborando nunca había estado de incapacidad tanto tiempo, no sabían que había detonado el derrame, después supe que fue un derrame arteriovenoso en el cual mi vena y arteria derramaron sangre y había dos alternativas: radiar la vena o dejar así con la incertidumbre de un evento en otro momento de mi vida.

“No pude vivir con la incertidumbre y a pesar del riesgo por la zona y la expansión de la radiación opté por radiar la vena: 33 radiaciones de baja frecuencia fue el siguiente paso, me tuve que quedar pelona, pero finalmente la fe, el amor de mi esposo, familia y amigos me hicieron salir adelante. Después de tres años se está cerrando la vena y la arteria. Aún faltan dos años de observación. Renuncie a mi anterior trabajo, cambie mi estilo de vida; ahora trabajo para vivir, pero no vivo para trabajar, disfruto cada día, cada momento, cada amanecer. Mi carácter es más relajado, medito, canto, sueño y sobre todo sé que un ser divino está caminando día a día a mi lado. Estoy buscando el propósito de mi vida. Un caso en un millón sale sin secuelas de un derrame como el que viví.”

De acuerdo a la OMS, las causas más frecuentes de los accidentes cerebrovasculares, como el que presentó Adriana, están relacionados con una mala alimentación y poca actividad física, entre otros. Respecto a esto, las prioridades laborales de Adriana también cambiaron y sobre esto nos menciona que “estar en una empresa que me permita tener cuatro básicos en mi vida me ha ayudado a estar día a día recuperándome:  comer bien, dormir bien, hacer ejercicio (en la medida de lo permitido), ser feliz (no estrés, no presión, no angustia).”

Los cambios en nuestra salud nos pueden transformar la vida de un momento a otro. Por lo general escuchamos o leemos casos y los vemos lejanos o ajenos a nosotros, pero todos estamos expuestos a los mismos padecimientos, en mayor o menor medida. Adriana nos comparte un mensaje final para invitarnos a reflexionar: “Debemos trabajar para vivir, pero estar atentos a lo que el cuerpo requiere, ponemos atención en la junta, en la presentación, en los resultados, en nuestros jefes, pero ¿y nosotros? ¿La familia? ¿Cuántas veces al año te haces un chequeo? ¿Cuántas veces dejas de comer o de dormir por el estrés, ¿Cuántas veces dejas de ser feliz y de observar a tu alrededor? ¿Cuántas veces dices ‘gracias Dios, gracias por un día más de vida’? Seamos felices en lo que hagamos, cuidemos nuestra salud, vivamos con dignidad.”

Gracias a Adriana por su apertura al compartir esta experiencia tan personal, tan sensible con Salutare y por aportar con esto al mejor entendimiento de enfermedades como el cáncer y los accidentes cerebrovasculares, para concientizarnos sobre los cuidados que debemos tener en nuestras vidas, y sobre todo, valorar cada uno de los aspectos que ella nos brinda.

3 Comentarios

  1. Creo que todos, como Adriana, deberíamos buscar esos básicos en un trabajo para poder equilibrar la vida personal con la vida laboral pues estamos acostumbrados a fijarnos metas profesionales para mantener un crecimiento continúo que dejamos de lado nuestra vida personal y familiar.
    Que gran árticulo y que fortaleza la de Adriana.
    Enhorabuena.

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