¿Cómo puede ayudarte la psiquiatría de enlace en casos de cáncer?

0
570

Hace unos 9 meses te diagnosticaron cáncer. Desde entonces has tenido un sentimiento de tristeza constante, prácticamente a todas horas. Un sentimiento de desesperanza que no se va y que te acompaña a cada lugar que vas. Sientes que la gente te mira con lástima y tratan de ponerte la mejor cara que les viene, con miedo de abordar el tema frente a ti. Aunque sales con amigos y familiares todo es diferente, lo que antes te alegraba de la vida, ahora parece gris, monótono y lejano.Estás, pero no estás.

Cuando vas a consulta, el oncólogo empieza a informarte, pero, aunque tu mirada permanece fija en él, tus pensamientos constantemente divagan en temas variados hasta que él termina, pues no puedes concentrarte. Sería bueno que solo pasara con tu médico, pero igual te pasa con tu esposa, con tus hijos y hasta con tu psicóloga. Porque claro, el doctor y la familia te dijeron que “tenías” que ir a terapia para enfrentar el duelo por la pérdida de tu salud. Te sientes frustrado porque ya son varias semanas así y parece que la cosa no mejora.

En las últimas semanas te han invitado a ver películas por aquello de relajarte, pero no has podido controlarte y te has echado a llorar, con películas comoLa Sirenita. Sabías que no era para tanto, pero simplemente no te has podido aguantar; eso te frustra y te enoja más. Tu psicóloga te dijo que era bueno expresar las emociones y desahogarte, pero esa falta de control ya te empieza a doler porque sabes que está afectando a tu familia. Te altera verlos más preocupados por tu cambio de carácter que por el cáncer en sí mismo. Lentamente te has convertido en alguien explosivo, visceral e impulsivo. Parece que te enojas por todo.

Por la noche todos se van a dormir, pero tú permaneces despierto, sin energía, sin ganas, viendo las sombras en el techo por las luces de los autos que pasan por la calle y escuchando el sonido del reloj que cuelga en la pared. Por la mañana te notas cansado y con sueño. Así llevas casi un mes. Tampoco comes, y no es solo por la quimioterapia, simplemente no te da hambre. Aunque todo parecía ir bien, ya perdiste 6 kilos. El médico le dijo a tu familia que no debería ser así.

Hace dos semanas has empezado a tener ideas de que sería mejor no vivir, empezaste a fijarte más en el grosor de las vigas en el techo y en dónde se guardan los cuchillos.Parece que no hay solución. Todo mundo te dice que Dios no cierra una puerta sin abrir una ventana, pero para ti Dios escogió un cuarto oscuro, sin salidas, o por lo menos es lo que tú crees. Quieres vivir, y quieres convivir con tu familia; de hecho, sabes ahora más que nunca lo importante que debería ser eso para ti, pero aun así no puedes, porque cuando lo has intentado explotas a la menor provocación, ya sea con enojo o con llanto por cosas insignificantes. Como un niño pequeño que se emberrincha por todo. Para colmo, la semana pasada, la psicóloga te dijo que te iba a mandar con el Psiquiatra. Te preocupa si te va a mandar al manicomio. A tu familia tampoco le gustó la idea.

La cita es hoy

La buena noticia es que el Psiquiatraprometió no enviarte al manicomio, la mala es que quiere darte una pastilla, y lo único que piensas es:“otra pastilla más, menuda solución” (dijera el abuelo, que era español). Lo interesante es que el doctor te dice que pueden escoger un medicamento “ideal” para tu condición. Que no es tan pesado para tu hígado y que no se contrapone con tus otros tratamientos, además, no te vas a volver adicto. Su justificante para darte esa medicina es que tienes un “Episodio Depresivo Mayor”. El tipo este argumenta que esto va más allá de la tristeza, y que por eso es importante que te tomes el “mentado” chocho. Con otras palabras, claro, y con buena cara, lo cual te sorprende porque tú siempre pensaste que el psiquiatra promedio estaba tan loco como sus pacientes.

Sales de la consulta bastante escéptico y miras a tu familia con decepción por atreverse a llevarte al psiquiatra. Pasa una semana y te atreves a probar el medicamento porque sigues en la misma dinámica, ya sabes: tristeza constante, enojo o llanto, insomnio, falta de apetito, nada de gusto por las cosas que antes te alegraban y bajaste un kilo más. Te rindes y dices:“qué más da, me la voy a tomar”.

Lo interesante, es que después de unos días con el medicamento te notas más tolerante, el cáncer sigue allí, lo sabes, eso no cambia. Pero ahora te controlas mejor y no explotas fácilmente. Incluso puedes avanzar más en la terapia. Si, la que llevas con la psicóloga (nadie dijo que la ibas a dejar). El pronóstico y las opiniones del médico siguen allí, pero ahora puedes escucharlo con más claridad. En la casa, parece que se puede ver con otros ojos el tiempo que pasas con tu familia, algo que era vital para ti, porque era lo que querías, poder pasar tiempo con la familia, y sobre todo disfrutarlo. No es que andes con una sonrisa de oreja a oreja, ni que el mundo se ha pintado de rosa, pero ahora puedes tener una mejor calidad de vida en momentos tan difíciles y desafiantes.

Y tú que pensabas que los psiquiatras solo trabajaban en los manicomios.

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí