¿Cómo me alejo de mis conductas negativas?

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Las emociones son reacciones psicofisiológicas que todos experimentamos. Alegría, tristeza, miedo e ira son las llamadas básicas, pero no son las únicas; el resto son combinaciones de éstas. Nos son útiles para conocernos y reaccionar ante situaciones específicas, entre otras cosas.

Parece que tenemos emociones preferidas, acordes con nuestra personalidad, actividades predilectas, personas que frecuentamos o emociones socialmente promovidas y aceptadas en nuestro contexto. Y tenemos emociones que rechazamos porque nos incomodan; estas suelen estar relacionadas con el  dolor emocional, desearíamos que no existieran o superarlas rápidamente, casi sin mirarlas. Muchas veces porque no sabemos qué hacer con ellas.

Entonces, en circunstancias que nos generan este tipo de sensaciones llevamos a cabo acciones que nos permiten evitar esas emociones dolorosas y aparentemente nos ayudan a seguir funcionando. Al menos a corto plazo, aunque no resuelva la problemática. Me refiero a conductas de auto-daño, están las:

  • Relacionadas con la comida,
  • Relacionadas con conductas de riesgo,
  • Relacionadas con uso de sustancias nocivas,
  • Relacionadas con auto-lesión y
  • Relacionadas con sustancias adictivas.

“El dolor emocional es común y sucede a diario en nuestro alrededor o en nosotros mismos. Nadie está exento de sentirlo en uno o muchos momentos de su vida».

Cuando vivimos emociones negativas de manera reiterada se ven afectadas todas las esferas de nuestra vida, nuestro aprendizaje, nuestras relaciones, nuestra salud, incluso nuestro desarrollo. Por ello vale la pena sumar a nuestra vida herramientas de gestión emocional.

Podemos pensar que el manejo o autoregulación emocional, en este caso del dolor emocional, consiste en tres momentos:

Identificar las emociones –> Expresión de lo que se está sintiendo –> Control de la emoción

Comienza por enfocarte en el presente, una situación dolorosa a la vez. Nuestra mente tiende a traer al presente recuerdos en los que te sentiste de la misma manera. Piensa sólo en el dolor de hoy.

Ahora nombra las emociones que esa situación provoca en ti. Piensa en si se trata de miedo, tristeza, soledad, frustración, culpa, enojo, resentimiento, etc. Date tiempo, no te preocupes si no lo logras fácilmente, en realidad no es fácil, con frecuencia tardamos en registrar qué estamos sintiendo. Una o dos palabras es suficiente para empezar.

Después piensa en lo que te hizo sentir de esta manera. Pudo ser una pelea, un regaño, algo que no querías decir, algo que te dijiste a mi mismx que no volverías a hacer y lo hiciste, algo que salió mal, algo que leíste, etc.

Y por último, piensa en qué te gustaría hacer en este momento, respecto a lo que sientes. Por ejemplo: pedir que alguien esté junto a ti, gritar a más no poder, llorar, ofrecer una disculpa, correr. No es importante que pienses en algo que tengas que poder hacer en este momento, porque tal vez puedas hacerlo en otro; lo que es primordial es que lo puedas nombrar y lo tengas presente.

Cada unx experimenta la intensidad de las emociones en niveles distintos, por ello vale la pena tomarte un tiempo y conocer tú intensidad. Si logras identificar, nombrar y expresar tus emociones vas por un buen camino a gestionarlas. Notarás que la tensión y el sufrimiento disminuyen. El camino es largo, y muchas veces necesitamos ayuda e ir con un especialista es primordial.

Por último, no nos olvidemos que las emociones negativas también nos impulsan y ayudan a tomar decisiones, a buscar soluciones, nos acercan a personas que podrían acompañarnos o auxiliarnos (nuestra red de apoyo); por ejemplo, si siento miedo me alejaré de una situación que me pone en peligro; y si las evitamos, también perdemos éste aprendizaje o crecimiento personal..

Santos Bernard, Dora (2011). Autolesión: qué es y cómo ayudar. México

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