¿Cómo impacta la filosofía la mente de los niños ?

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Una de las expectativas más beneficiosas para la construcción de un mundo mejor sería la de lograr que todos los niños fuesen felices y que tuviesen una mente sana para que crecieran como adultos plenos, de modo que algunas de las preguntas filosóficas que surgen al respecto son: ¿qué se tendría que hacer para alcanzar tal objetivo? y ¿cómo se podría empezar?

Aunque el planteamiento no tiene una única respuesta por la propia magnitud de este, lo cierto es que se podría iniciar por introducir a los niños en la filosofía, ¿por qué?, ¿por qué siempre la filosofía? porque en este caso la filosofía tiene una rama que se dedica a explicar cuestiones sobre la felicidad, es decir, la ética, y porque también su propia naturaleza es la de ejercitar la mente, el pensamiento crítico y poner al descubierto los errores del razonamiento, con lo cual se puede conseguir avanzar en la construcción continua de una mente libre y sana.  

Si se tuviese que dar una explicación sencilla, para menores de edad, sobre qué es la mente, se podría aseverar que ella es como un jardín o un campo —un espacio— en donde podemos plantar flores —pensamientos, ideas, creencias o imágenes—, basura o ambos, aunque lo más deseable son las primeras. De ahí que resulte sumamente importante desde la infancia cuidar lo que se siembra en dicho lugar, ese sitio en donde ocurre la vida mental de un niño, porque si la meta final es la felicidad y la plenitud, las flores cultivadas deben ser hermosas.

La propuesta filosófica —para saber qué sembrar, por qué y para qué— va de la mano con la psicología, porque la una impacta a la otra, pues el desarrollo mental de un niño tendrá efectos en su comportamiento, en sus acciones, en su actitud, en su personalidad, en su conducta y en su ser, así como en estar en el mundo y para el mundo.

Por esto, es necesario que en nuestra sociedad se implementen lo más pronto posible dentro de las escuelas, colegios e institutos, desde una edad temprana, propuestas como la denominada “Filosofía para niños” (Philosophy for Children), fundada por el profesor Matthew Lipman, que es un programa que provee a los niños de herramientas para alcanzar un pensamiento reflexivo.

De acuerdo con izar.net, “Filosofía para niños (FpN) es una propuesta educativa  que brinda a los niños instrumentos adecuados en el momento en que comienzan a interrogarse acerca del mundo y de su inserción en él. Es un programa sistemático y progresivo especialmente diseñado para niños y adolescentes desde los 3 hasta los 18 años. A partir de temas tradicionales de la historia de la filosofía y, mediante un conjunto de pautas metodológicas, cuidadosamente planificadas y experimentadas, que rescatan la curiosidad y el asombro de los niños y las niñas, se propone estimular y desarrollar el pensamiento complejo (high order thinking) del otro en el seno de una comunidad de indagación.  En esta comunidad, en la que sus miembros trabajan para ser capaces de entender el punto de vista de los demás y se esfuerzan solidariamente por descubrir el sentido del mundo y de la sociedad en la que viven es donde se lleva a cabo el programa”.

Es decir, aunque la felicidad de los niños y su salud mental son cuestiones de orden multifactorial, resulta urgente una intervención filosófica como un primer paso para el cuidado de la mente infantil, pues solo por señalar un ejemplo, cada vez más los niños, sus padres y los profesores se enfrentan al impacto del uso adictivo de las redes sociales, los celulares, la tecnología, la televisión y otros mass media.

Al respecto, algunos filósofos como Arboccó de los Heros y O´Brien Arboccó (2012) han enfatizado que la “televisión basura” propicia “deficiencias en la mente y en la conducta de las personas, en especial los niños…”, pues estos medios de comunicación imponen modelos, valores, ideas, violencia, estereotipos de belleza masculinos y femeninos, letras, discursos, canciones  (“durante una hora de TV infantil hay 6 veces más violencia que en una programación para adultos, —Rothemberg, 1975—). De ahí que estos pensadores propongan algunas formas para encarar el problema; además, comparten junto con la psicóloga Susana Frisancho (2001) y con algunos psicólogos preocupados por el tema moral, el fomento de una verdadera educación que aporte “las condiciones necesarias para permitir a las funciones cognitivas y afectivas madurar y desarrollarse” y la defensa de “una educación moral que apunte a desarrollar las más altas capacidades del juicio y discernimiento, así como la toma de perspectiva y la empatía”.

Así, sería deseable añadir a la filosofía dentro de los currículos escolares de la educación básica —como otra forma para encarar las problemáticas que enfrentan los niños—, pues la filosofía no adoctrina. Más que una educación moral, la filosofía lleva a cabo una reflexión sobre la moral; es decir, con un programa de filosofía, los niños tendrían elementos para discernir si lo que ven, oyen, perciben, sienten, piensan y aprenden les sirve para “cultivar flores en su jardín” y para hacer de este un mundo mejor.

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