¿Cómo hablo con mi hijo o hija de diversidad sexual?

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Hace unos días una conocida me preguntó cómo debía explicarle a su hijo lo que ocurría en el desfile del orgullo gay. Confieso que al principio ignoré las implicaciones de su duda, pero luego pensé que quizá tal inquietud evidenciaba una preocupación ante algo que ella podría considerar desajustado o anormal.

Considero que este tipo de dudas suelen relacionarse con los prejuicios y estereotipos que tenemos, siendo necesario reconocer que parten de una cosmovisión adquirida en la que se nos enseña a pensar de forma dicotómica y complementaria. Hemos aprendido que los hombres debemos ser masculinos y sentir atracción sexual, erótica y afectiva por las mujeres; y éstas deben ser femeninas y experimentar atracción sexual, erótica y afectiva hacia los hombres.

Aunado a estos aprendizajes lineales respecto a una supuesta normalidad, se encuentran las nociones de que las y los niños no son personas, o al menos seres no pensantes. Solemos procurar tanta información e imponer nuestras perspectivas sin siquiera preguntarnos con qué información ellos podrían contar. Esto es tan frecuente que pocas veces nos percatamos de la poca consideración que podríamos mostrar hacia los niños, así que, antes de alarmarnos sobre un posible interrogatorio respecto a algún tema, quizá podríamos escuchar lo que ellos piensan. Seguramente nos sorprenderá la agudeza e información que pueden tener respecto al tema de la diversidad sexual.

Pensar de manera lineal, limita el reconocimiento de la gama de posibilidades, experiencias, vivencias y sentires a sólo dos esferas. Sería como ir a una heladería y desconocer la gran variedad de sabores que existen y no sólo eso, sino que además implicaría afirmar que todas las personas tendríamos que probar los mismos dos sabores que a nosotros nos gustan.

Sirva este breve texto para celebrar la diversidad. Aplaudamos las diferencias, gustos, tamaños, colores, texturas, sabores, olores y sentires que rondan en nuestro mundo, en nuestro tiempo y en nuestras vidas.

Si nuestros hijos, sobrinos o nietos nos preguntan sobre la diversidad sexual, antes de alarmarnos, pensemos que al igual que los helados, cada persona decide el sabor, la cantidad y en qué se lo quiere comer. Lo que no debería ser tolerado es la imposición, pues mientras que a unos les puede gustar el chocolate a otros podría gustarles la fresa. Reconozcamos, aceptemos, respetemos y promovamos las diversas manifestaciones amorosas en nuestra sociedad.

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