Cómo desarrollar tu yo resiliente ante la enfermedad

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Por mi labor como editorialista he tenido oportunidad de realizar entrevistas a muchas sobrevivientes de cáncer de mama, activistas que apoyan la causa de prevención y voluntarias que se suman a las diferentes fundaciones pro-lucha contra este mal. En todas las historias encuentro un común denominador como elemento clave para hacer frente a ésta o a cualquier enfermedad crónica: la resiliencia.

El término resiliencia se acuñó el campo de la ingeniería y de ahí se mudó hacia el campo de la salud emocional. Básicamente hace referencia a la capacidad que tienen ciertos materiales para recuperar su forma original después de que determinada energía o fuerza los deformó. En la esfera psicológica, la resilencia es la capacidad con la que cuenta una persona para recuperar su equilibrio, su centro y su paz, después de una experiencia traumática o de excesiva presión.

Si en nuestra infancia o juventud contamos con el modelo de padres que encaraban la adversidad y no permitían que ésta los derrumbara; líderes a los que vimos sacar adelante negocios de los escombros; amigos que aprendieron a vivir con lupus o diabetes; vecinos que sobrevivieron a la pérdida de un hijo y otros ejemplos que enseñan una visión de fortalecimiento ante las penas de la vida es probable que podamos aprender esta capacidad. Y si no los vivimos personalmente, podemos acudir como ejemplos a algunas biografías de espíritus invencibles como Malala, Víctor Frankl o Nick Vujicic.

Ahora bien, ¿en qué momento nos volvemos resilientes? ¿O es que la capacidad de recuperación es inherente a la naturaleza humana, al instinto de supervivencia? Probablemente un poco de ambas, pero lo cierto es que podemos aprender y entrenarnos para ser resilientes.

Para llevar a cabo esta tarea,comparto a continuación algunos tips para la identificación dentro de ti de ese yo resiliente:

  1. Aceptar la realidad como es, con todo lo que conlleva. Tener toda la información que necesites para verla de frente. La comprensión de la situación te ayuda a encontrar posibilidades y entender en dónde estás parada.
  2. Reconocerte vulnerable, renunciar a tener el control de la situación, porque evidentemente no lo tienes y cuando aceptas que es imposible tener poder absoluto sobre tus circunstancias, conectas con tu humanidad.
  3. Recordar en tu vida retos superados. Encontrar en tu historia momentos en los que te has levantado de retos, penas y dolores para recordar lo que aprendiste de ellos.
  4. Empoderarte con ejemplos de quienes han transitado una situación similar y entienden tu posición, buscar empatía y estrategias de manejo que te ayuden a encontrar paz en el proceso.
  5. Buscar salidas de tensión. Escribir, meditar o recurrir al tipo de terapia que mejor te acomode. Conozco a una mujer maravillosa que le redactó una carta a su tumor una noche antes de su mastectomía, lo encaró, y aunque se reconoció vulnerable ante él, cerró la carta diciendo: “¡no eres más fuerte que yo!”. Hoy ha cumplido casi 10 años en remisión.
  6. Recurrir a tu red de apoyo. No es necesario encarar el reto sola. El cariño y la presencia de los otros alimenta la salud emocional.

Mi respeto absoluto para las familias que cargan el peso de una enfermedad crónica de alguno de sus miembros. Deseo de corazón que estas líneas sumen algo para el desarrollo de su resiliencia.

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