Ceguera

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Sales del oftalmólogo, caminas sola. Vas rumbo a casa. Sonríes ante las texturas de los rostros. Miras sus ojos, brillan. Te asombra el mundo que está afuera. Algunos dicen que en realidad vemos con el cerebro, supones que se refieren a la capacidad de crear ficciones. Tienes miedo de perder la vista. Piensas en la penumbra hueca de Borges. Te niegas ante la posibilidad de mirar este querido mundo que se deforma y que se apaga en una pálida ceniza vaga que se parece al sueño y al olvido.

Tú me vas a enseñar a ver, le dijiste a tu pareja anoche en el cine. No recuerdas cómo se llamaba la película, pero al cerrar con brevedad los ojos te encuentras el olor de su barba: frescura y desdicha. ¿Es cierto que los ciegos, tienen mayor agudeza olfativa? Sientes como si él estuviera caminando a tu lado. Desde que lo conociste, supiste que tu hogar era su mirada. ¿Cómo hacer para no perderla? 

Inflamación del nervio óptico, comentó la oftalmóloga, mostrando una sonrisa que aparentaba honestidad. 

–¿Es riesgoso? – preguntaste.
–No, póngase esas gotas y nos vemos en dos semanas. 
Ella dio por hecho que aún verás en 15 días. ¿Debías sentir tranquilidad por su comentario? ¿Tendrías que engañarte confiando en ella? 

Saramago aparece en tu cabeza para recordarte que lo que verdaderamente nos está matando ahora es la ceguera. No somos inmortales, no podemos escapar a la muerte, pero al menos deberíamos no ser ciegos.

Pero tú no vas a perder la vista. Esa es la frase con la que tu pareja te recibe en casa. A él si le crees. El sol es penetrante. La sensación inflamatoria en el cerebro es insoportable. Cierras los ojos para jugar a ser ciega. Te metes a bañar y el agua cae como una bendición que promete la calma. En la casa las paredes son frías. Quisieras meterte a las cobijas todo el día. ¿Dormir aliviará? Tu pareja dice que te levantes. Caminan con los perros, van rumbo al parque. Luchas por sentirte viva. No dejas de repetir que eres tan afortunada que sientes que no lo mereces. Todo te sorprende. Pareciera que el dolor de tus ojos no es real, que es una exageración.

Suena tu teléfono. Te enteras de la ceguera de una tía cercana a la que no quieres. Sientes lastima.
La imaginas viviendo en un abismo sombrío.

Te vas a dormir. Te pesan las cobijas, tiemblas, tienes frío. Ves destellos desde los ojos cerrados, estás tan cansada que no reaccionas. Te pierdes unas horas en el sueño.

Escuchas las aves del jardín. Te emociona escuchar tantos detalles. Abres los ojos. Las tinieblas te encuentran. Temor de caer, resquebrajarte como espejo que pierde su moldura. Sientes como si el peligro amenazara por todos lados. A esa hora de la mañana sabes lo que se siente vivir una pesadilla. Tienes frío. Tocas el otro lado de la cama. Tu pareja no está. ¿Se fue a trabajar? Quieres llamarle por teléfono pero no puedes. No sabes hacerlo sin ojos.

Vas al baño. Suena tu teléfono. Corres para contestar. Chocas con las paredes. Luchas por resignarte manteniendo los párpados cerrados para protegerte de la penumbra. Respiras. Te confundes. No sabes qué es peor. Sientes lo vacuo en las entrañas. Regresas a la cama. Te acurrucas para dormir. Las aves siguen cantando ¿Estoy en medio de una pesadilla? No te preocupes, dices murmurando. Siempre sucede así. Se sueña dentro del sueño, sea o no pesadilla. Con o sin ojos somos ciegos, con oídos o sin piernas. Es un momento, pasará.

Te quedas dormida.
Pasará.

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Cursó sus estudios de Licenciatura en Psicología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAM), titulándose con la tesis ‘Psicosis y arte: bordeando un yo exiliado de sí mismo". Cursó la Maestría en Psicología con Residencia en Terapia Familiar Sistémica en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAM), durante la cual desarrolló un proyecto titulado "Perspectivas en psicoterapia: caracterización de personajes". Alumna de Mtra. Ofelia Desatnik, Doc. Alexis Ibarra, Dra. Lourdes Fernández y Doc. Marcelo Pakman. Ha sido ponente en congresos y coloquios de temas relacionados con la violencia, la pareja y la familia en instituciones educativas y contextos hospitalarios, dictaminadora en artículos de psicología y ciencia social, psicoterapeuta tanto en el ámbito público como en el privado y docente tanto presencial como en línea en el Instituto de Terapia Familiar CENCALLI de temas como violencia y terapia de pareja. Ha brindado acompañamiento terapéutico a personas con autismo y discapacidad intelectual. Interesada en la psicoterapia sistémica, la crítica-poética y la reflexión-en-la-acción. Contacto: https://fabiolaarellanojimenez.blogspot.com/ https://twitter.com/FabiolaArellano https://www.instagram.com/fabarella/

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