Carta de un psicólogo a su hija

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Julia amada: 

Escribo desde los más profundo de mi ser, tratando de plasmar con la mayor honestidad posible mi sentir, hacia ti, hacia mí, hacia nosotros. Tu llegada a este mundo ha sido un acontecimiento bastante peculiar que me ha permitido explorar una faceta de mi vida que, si bien en algún momento contemplé, nunca visualicé como una posibilidad real, y sin embargo, henos aquí, caminando juntos, construyendo otras posibilidades mientras nos tomamos de las manos.

La paternidad ha sido para mí un terreno completamente nuevo, muchas veces inhóspito, otras insólito, pero sin duda siempre estimulante. Ha implicado, sobre todas las cosas, un desafío constante de reflexión y práctica; un ejercicio constante en el que más que enseñarte he podido aprender de ti.

Gracias por ayudarme a comprender que la figura de autoridad no siempre es la más adecuada, y que ceder implica un ejercicio de empatía que parte de escucharte y tratar de comprender tus necesidades y exigencias, dejando de lado mis expectativas e ideas sobre lo que debería ser.

No sabes de qué forma las risas, los juegos y las pláticas que tenemos me han ayudado a comprender la maravilla de formar en ti una persona, con anhelos, sueños, miedos e inquietudes propias, algo que muchas veces no resulta fácil pero que siempre me orillan a entender más de ti.

Jugar contigo me conmueve hasta puntos que no había podido conocer con anterioridad, es increíble la capacidad con la que puedes convertir cualquier rincón de cualquier lugar, en una tienda exótica, en una heladería que vende a precios exorbitantes, o en el más cálido hogar. Las andanzas juntos por la ciudad sin duda han pintado de colores extraordinarios esos lugares que en otro momento pensé conocer.

Eres una persona con una bondad que me hace reflexionar en mi propia condición como persona. No siempre me resulta justo que el mundo en su dinámica paranoica no sea capaz de detenerse a respirar y contemplar las pequeñas grandes cosas de la vida, como lo haces y me enseñas tú.

Gracias a ti ahora reconozco que los miedos, enojos, frustraciones y dudas que tengo, no me hacen incompetente, sino que me convierten en una persona y que esta vulnerabilidad es una cualidad que me permite dislocarme de esa ficción de hombre que todo lo sabe, todo lo puede y que es incapaz de sentir; aceptarme como una persona vulnerable, con contradicciones, me ha permitido encontrar la fortaleza en los afectos, en los abrazos, en los momentos que andamos, simplemente por andar.

Muchas personas aseguran que te pareces a mí, espero que estén equivocadas, que tú siempre seas mejor que yo. Me gustaría que tú te parecieras a ti y que tu mayor fuente de inspiración y bienestar siempre seas tú, nadie más. Que tus sueños sean siempre el motivo que oriente tu actuar y que la calidad y calidez de tu persona siempre sea la distinción de tu hacer.

Gracias por enseñarme a ser papá.

2 Comentarios

  1. Mi Ponchito querido, no cabe ninguna duda de que lo tuyo son las palabras. Haces con ellas historias maravillosas, enternecedoras y muy lindas. Eres una persona muy chida. I ♥️

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