¿Cómo enfrento una ruptura este fin de año?

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Hoy esa persona ya no está, los días se presentan difíciles y las noches parecen insoportables; el llanto llega de improviso cargado de recuerdos llenos de nostalgia. Extrañas el espacio que habían construido, las historias que compartieron, los planes, y esas pláticas que parecían infinitas en donde solo eran ustedes dos. Hay momentos en que te reclamas tranquilidad y fortaleza cuando aún sientes un gran vacío en el pecho. Es tan confuso, porque aunque en ocasiones te repites que fue lo mejor, no sabes por qué aún duele tanto.

La relación de pareja, se describe como uno de los vínculos más significativos que construimos a lo largo de nuestra vida, por lo tanto, la ruptura de la misma trae en la mayoría de los casos una sensación de profunda tristeza, convirtiéndose así, en una de las experiencias más difíciles a enfrentar. A diferencia de otras pérdidas, el proceso de duelo por ruptura amorosa carece de rituales específicos que nos permitan expresar de manera saludable y socialmente aceptada, el cúmulo de emociones que trae consigo el final de una relación. En ocasiones pareciera un dolor injustificado y al mismo tiempo tan profundo, que genera una lucha interna en donde nos sentimos sin rumbo, en donde sabemos que aquello que se necesita, es una dirección para continuar. Ante ese trayecto, podemos llevar una guía que haga más sencillo el viaje.

Llora lo que tengas que llorar: las lágrimas nos permiten limpiar aquellas heridas que no podemos ver. Cada emoción requiere atención, un tiempo y espacio, así que habrá que permitir su expresión. Las emociones se presentarán de diversas formas, en momentos a través de lágrimas cargadas de tristeza o enojo, pero también recuerda que puedes decidir cómo vivirlas realizando otras actividades, como escuchar música, ver una película, escribir, dibujar, cocinar, salir a caminar o simplemente sentarte y contemplar.

La paciencia será una gran aliada: es probable que tu razón tenga claro aquello que debe hacer, que intente apresurarte para continuar, buscará levantarte y te pedirá bienestar inmediato; sin embargo es posible que tu emoción requiera un poco más de tiempo. Intenta no apresurarle, evita regañarle y mejor abrázale como harías con personas que te importan y están sufriendo. Recuerda que le estás llorando a la relación que construiste, a la que le depositaste amor, tiempo y expectativas, claro que duele saber que ha terminado. Ante estos casos, siempre recuerdo las sabias palabras de una consultante: “un paso a la vez”.

Expresa: las relaciones no siempre terminan como quisiéramos, en ocasiones nos quedamos con palabras que nos hubiera gustado compartir, así que intenta liberarlas. Puedes escribir todo lo que llega a tu mente, elaborar cartas, o simplemente tener conversaciones interiorizadas o en voz alta que busquen dar cierre a temas que desde tu perspectiva quedaron inconclusos. A veces solo necesitamos acomodar en palabras aquello que pareciera carecer de sentido en nuestra mente.

Fortalece tus redes de apoyo: acércate a la gente que sea de tu confianza y platica del tema o de otros más. En ocasiones las personas te darán consejos no solicitados y escucharás de vez en cuando las frases  ‘no llores, no vale la pena, vas a estar bien’, y aunque vienen con la mejor de las intenciones y en muchos casos son ciertas, es probable que no sea lo que necesitas oír en esos momentos. Hazte y hazles un favor, pídeles que solo te escuchen, diles que es innecesario que digan algo (al menos que desees lo contrario), que sabes que estarás bien, pero ahora no es así, necesitas tiempo y solo quieres desahogarte con alguien en quien confías.

Escúchate y continúa: cuando te sientas con la energía suficiente, lleva a cabo actividades que normalmente disfrutas, haz planes, ve a nuevos lugares. Nuestro cerebro necesita emocionarse para sentirse feliz, así que ¡sorpréndete!

Considera llevar un proceso psicoterapéutico: puedes caminar en compañía de un/una profesional. Una terapia en estos casos puede convertirse en un espacio de desahogo, aprendizaje y reconstrucción. Puedes escribir nuevas y maravillosas historias.

Cada persona elabora sus duelos de diferentes formas, siempre a su tiempo. Elige un camino que te permita obtener lo mejor de cada paso, hasta llegar de nuevo a la tranquilidad.

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