Aunque mercadológicamente el 14 de febrero pondera el amor de pareja, te propongo que este año el centro de ese festejo ¡seas tú mismo!

 

Hablemos sobre la importancia del amor propio.

Hace una semana, en nuestra habitual plática de regreso de la escuela, mi hija adolescente me compartió que su maestra de Taller de lectura y redacción les había pedido llevar un poema. Romántica y enamorada, eligió uno dedicado al amor, que extrajo de una de sus películas favoritas. Emocionada, comenzó a leerme un texto que retumbó un poco en mis oídos cuando hizo referencia a un amor devoto que todo lo supera y todo lo tolera. Cuando terminó y volteó a buscar mis palabras de aprobación, sin afán de desanimarla y respetando absolutamente su elección, le manifesté que estaba “bonito”, pero que yo la invitaba a que adoptara una visión menos idílica, más real del amor, que antes que nada, implicara siempre un amor digno en el que ninguna mujer u hombre se sintiera obligado a tolerarlo todo. Puso ojos de “huevo cocido” (las madres saben a qué me refiero) como diciendo “tú no entiendes” y me respondió que ella no estaba en edad de ver el amor con esa seriedad. Lo sé, ella es el target perfecto del amor meloso, romántico y dispuesto a todo. El mismo concepto que yo tenía a su edad.

Y aunque no deseo ser la aguafiestas que le repita a mi hija que lastimosamente el amor no todo lo supera, la vida y las experiencias en algún momento se lo confirmarán y pienso que por ello valdría la pena comenzar a construir un concepto de amor de pareja que no integre el sacrificio, la codependencia o el sufrimiento como ingredientes.

Walter Riso, psicólogo y escritor argentino, ha desarrollado ampliamente y con toda claridad el concepto de un amor digno en el que no se sufre y se establecen límites claros. Dice el Dr. Riso que “para amar no hay que ‘morir de amor’, sufrir, desvanecerse, perder el norte, ser uno con el otro o perder la identidad”, pues eso es lo que él llama intoxicación afectiva. Por el contrario, sugiere que el amor sano y nutritivo configura el deseo, la amistad, la ternura y la compasión, siempre al servicio del crecimiento personal, sin negociar con tu independencia afectiva: amar sin perder la propia esencia.

Coincido en que ese amor saludable sólo puede sembrarse en la dignificación y en el empoderamiento que brinda el amor propio, entendiendo este último simplemente como la voluntad de querernos, la consideración que tenemos para con nosotros mismos y que esperamos de los demás.

 

Un festejo diferente

En busca de que la mente y el corazón sean tierra fértil para albergar un sentimiento sano, me atrevo a proponerte que —tengas o no pareja— en esta ocasión le des un nuevo significado al día del amor, sin tener que renunciar a la celebración que tendrás con tu amado amante (me acordé de la canción de Roberto Carlos) pero demostrándote aprecio y consideración primero a ti mismo.

Aquí unas sugerencias:

  • Mente porrista: Proponte que desde que inicias el día tu diálogo interno (esa vocecita con la que te hablas todos los días) sea tu fan, es decir, háblate con cariño, felicítate por los logros cotidianos, échate porras. ¿Cuántas veces te has dicho “¡qué bien me veo hoy!”, “bien por mí, cociné delicioso”, “el reporte que entregué me quedó excelente”, “voy muy bien, cada vez aguanto más en la caminadora”, etc.? Nuestros pensamientos son los generadores de las actitudes con las que acometemos la vida, así que si son mayoritariamente positivos, es más sencillo conservar un estado de ánimo amable, alegre y optimista.
  • Apapacho corporal: anticipa consentirte con algún ritual que estimule tus sentidos. Aparta en tu agenda un espacio para una sesión de aromaterapia, masaje, meditación, baño en tina, ir al salón de belleza a que te hagan un tratamiento o te corten la barba.
  • Date un gusto: dedica tiempo a alguna actividad que disfrutas pero que por pendientes, pretextos o carga de trabajo siempre postergas, como salir a caminar con tu perro a un lindo parque poniendo especial atención a los olores, a la calidez del sol en tu rostro, el sonido de una fuente, las risas de otras personas… Prepárate o cómprate algo muy sabroso que satisfaga tu mayor antojo, ¡te lo mereces!
  • Sé tu propio destinatario: el efecto sanador y reflexivo que tiene un ejercicio de redacción es inmenso. ¿Qué te parece escribirte el día 13 de febrero una carta en la que reconozcas las cualidades que has tenido al amar y las áreas de mejora de las que has aprendido para no repetirlas a futuro? Enumera las razones por las que te amas y por las que te consideras alguien digno de amar. Abre la carta tan pronto te despiertes el 14 de febrero. ¡Regalazo a la autoestima!
  • De cara a tu relación de pareja, si es que la tienes, el mejor regalo que puedes dar es la apertura para hablar de lo que disfrutan uno del otro, la honestidad para compartirle lo que no te gusta tanto y negociar a favor de la convivencia, la entrega sincera que no sólo se manifiesta en palabras, sino que se demuestra y se desborda en abrazos, besos, caricias, orgasmos, cosquillas y todo lo que privilegie el contacto.

La invitación queda aquí, para que entres en contacto con el bienestar, volviendo estas sugerencias un hábito, empezando por hoy.  ¡Feliz día del amor por ti mismo!

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí