Hace unas semanas, en el estado de Puebla había 1.338 casos confirmados de COVID-19 y 180 muertos.  Para una ciudad que en 2010 registró, de acuerdo con el INEGI, una población de más de 1 500 000 (un millón y medio) de personas, notaremos que, el número de casos oficiales representaba apenas el 0.08 % de la población y el número de muertos el 0.01 %.  No obstante, el gobernador del estado dijo entonces que los hospitales podrían “colapsar en 20 días”. Esto no debería interpretarse como una intención por menospreciar la advertencia, pues el miedo de que el sistema colapse está relacionado con el incremento exponencial de casos, y por tanto con la saturación del sistema.

Estos antecedentes deben hacernos reflexionar sobre un hecho innegable: nuestro sistema de salud es pequeño, podría decirse, incluso, que es microscópico.  Lo cual, no es un dato controversial, ni el descubrimiento del siglo, pues desde hace varios años agencias internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) han advertido “ad nauseam” que México tiene un déficit de enfermeros, médicos generales, médicos especialistas y otros cuantos trabajadores de la salud.  Y esto no se ha resuelto hasta el día de hoy.  

Paradójicamente, el país invierte millones de pesos en becas para médicos residentes en distintas especialidades y cursos de alta especialidad, quienes por alguna razón no logran ser incorporados después al sistema de salud.   De hecho, como médico especialista, con alta especialidad, puedo presumir que toda mi formación ha sido pública afortunadamente. Siendo en ese entonces favorecido por dichas becas.  Haciendo un comparativo, con respecto a los médicos que se forman en Estados Unidos, al día de hoy no he tenido que pagarle ni un centavo al Gobierno Federal por ninguno de esos cursos, ni estoy endeudado con algún banco por algún préstamo estudiantil o universitario. Probablemente lo estaría en caso de haber nacido en nuestro vecino del norte. 

Además, puedo presumir que, dado que el ingreso a una especialidad médica o a un curso de alta especialidad también requiere pasar otros tantos filtros, en el país, y supongo que en sus instituciones (IMSS, ISSSTE, Institutos Nacionales, etc.) se garantiza la capacitación de personal altamente competente. Sin embargo, actualmente no estoy trabajando en ninguna institución pública.

Siendo este mi caso, no estoy en la labor de escribir este artículo para reprochar a mi país mi situación actual, pues esta tierra me ha regalado un futuro académico y un futuro laboral. Del cual además presumo gran prestigio, por las instituciones y centros de formación que me dieron un titulo con apoyo financiero.  Empero, como defensor del socialismo, al momento en que escribo este artículo cuento con antecedentes laborales que me permiten decirles que este país no tiene el menor interés de aprovechar sus recursos humanos. Este país y sus instituciones siguen empeñados en ingresar amigos, cuates y personal medianamente capacitado debido a cierta lealtad política, antes que por un interés real de mejorar los servicios de salud. 

En este país, muchos médicos formados con los impuestos de los mexicanos han decidido montar un consultorio privado antes que seguir padeciendo la precariedad asociada al trabajo en el sector público, no solo por la falta de insumos, sino por la falta de seriedad en pagos y otorgamiento de prestaciones. Siendo la evidencia más obvia y actualizada las ofertas del sector salud hacia los médicos que trabajan en instituciones especializadas para el manejo de COVID-19, a quienes se les especifica que tendrán prestaciones básicas, como seguro médico, e incluso la oportunidad de participar por una plaza una vez concluida la emergencia.  Demostrando que las autoridades saben los motivos por los cuales una y otra vez los médicos renuncian al sector público.

Así, no son raras, en mi experiencia, las anécdotas donde los compañeros o maestros adscritos te dicen que ganaban más y tenían más derechos como residentes que como trabajadores. No son raras las anécdotas de compañeros que hacen filas para justificar horas de trabajo como eventuales, y no son raras las anécdotas de  compañeros que trabajando en instituciones de gobierno contratan un seguro privado porque no reciben seguridad social de su institución.  Y por eso solo puedo concluir de la siguiente forma este artículo: Gracias México por gastar tanto dinero en capital humano, pero qué pena y qué despilfarro tan más grande, al no generar los lugares ni las condiciones para aprovecharlos, perdiendo millones de pesos en capacitación médica especializada todos los años.                   

3 Comentarios

  1. Completamente de acuerdo. El estado mexicano gasta cantidades exorbitantes en formación de excelentes médicos tanto nacionales como extranjeros y no aprovecha el gran potencial que surge de ello.

  2. Hice una mínima investigación sobre la salud, con la idea de que se podía mejorar. Un administrativo decía mucho más críticas que la tuya, y más precisas, falta de… Innumerables cosas.
    Un médico de obesidad me respondió la guía que ahora persigo: la prevención es la clave, es mejor a ponerle otro piso al hospital.
    Una neuróloga me lo acaba de reiterar, pues mi investigación continúa.

    A lo que quiero llegar; porque hay muchos métodos efectivos para lograr mejorar el sistema de salud, es al de enfocarnos en la prevención; al de aplicar una salud integral, pues también creo que todos estamos inmersos en ella y no sólo los médicos (de hecho no deberían ser vistos como los que están contra la enfermedad únicamente)
    Sigo en búsqueda…

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