Acudir a psicoterapia no es cosa de locos

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En más de una ocasión escuché de quienes iban a mi consulta que antes creían que acudir a psicoterapia, además de un gasto innecesario, era cosa de locos. No resulta extraño tener estas ideas ya que vivimos inmersos en una sociedad que no prioriza el bienestar psicológico. Resulta común ver en los hospitales públicos anuncios alusivos a la prevención de la obesidad, diabetes o influenza, pero, es poco habitual que encontremos los que están dedicados cuidar la salud mental.

También resulta importante resaltar que en el imaginario de la gente, el proceso psicoterapéutico además de resultar costoso, podría ser de una duración prolongada, haciéndolo no sólo poco costeable, sino aburrido y cansado.

Sin embargo, y pese a ‘las piedritas en el camino’, las personas siguen llegando a consulta ¿por qué?, ¿qué está llevando a las personas a decidir acudir a terapia? En mi experiencia como psicoterapeuta, las personas toman esta decisión porque alguien cercano a ellos les ha comentado que van a sesiones de psicoterapia o porque vieron en algún programa de televisión o radio, que era importante hacerlo.

Aunque acudir a terapia se asocia más con la atención de malestares, experiencias de vida desfavorables y situaciones dolorosas [1] como el fallecimiento de un ser querido, la tristeza, la soledad, problemas conyugales, bajo rendimiento escolar y el deseo de controlar impulsos, también resulta útil para conversar la vida, es decir, aún sin la presencia de problemáticas puntuales, siempre suceden situaciones que son importantes de contar o que merecen ser reconocidas.

El espacio terapéutico es un sitio seguro, un lugar de escucha respetuosa, de reconocimiento genuino y en el cual, también podemos cuestionar situaciones de vida que no cuadran con nuestros valores, sueños, esperanzas y/o anhelos.

Conversar con un profesional y hacerlo con una amistad, no es igual. Los  terapeutas (que como en mi caso) trabajamos desde las prácticas narrativas, estamos entrenados para escuchar de tal forma que resulte fácil detectar habilidades, recursos y fortalezas en la vida de las personas, lo anterior ayuda a encarar el día a día. También este entrenamiento nos permite reconocer desde lugares de respeto, responsabilidad y ética, los valores, sueños, esperanzas y anhelos que guían la vida de la gente hacia versiones de su vida que calzan mejor con su visión personal de cómo debería de ser.

Así pues, la idea (o la decisión) de acudir a terapia no debería estar antecedida necesariamente por un tema de malestar o sufrimiento, sino por un tema de acompañamiento en la vida, de escucha o de desarrollo personal. Que las personas sean partícipes de conversaciones donde el protagonista de éstas sean las personas mismas, conversaciones que nutran sus vidas desde otras miradas, desde otros saberes pero siempre desde la decisión individual de lo que les viene bien a sus vidas.

[1] Lista correspondiente a los motivos de consulta atendidos en mi consulta particular en los últimos 6 meses.

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Psicólogo clínico egresado de la licenciatura en psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuenta con formación adicional en materia de Prácticas Narrativa en la Prevención y Atención de la Violencia de Género por Diplomado del mismo nombre; además, por la misma vía, cuenta con conocimientos en materia de Docencia Universitaria. Actualmente forma parte, como voluntario del Centro de Atención Comunitaria en Casa Tonalá, espacio que brinda atención psicológica a bajos costos desde la Terapia Narrativa. Tiene en su haber diferentes talleres con temáticas sobre Nuevas Masculinidades y Relaciones de Pareja abordados desde la Terapia Narrativa y la Terapia Centrada en Soluciones. Su experiencia terapéutica es de 6 años en sus versiones: individual, familiar y de pareja. En el ámbito docente, cuenta con 1 año de experiencia como adjunto a nivel licenciatura y 2 años como Orientador Educativo en educación media superior. Contacto: Celular: 55 2219 4938

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