En medio de flores, chocolates, tarjetas y globos se enmarca una tradición que se ha celebrado por siglos: el día de San Valentín, reconocido en distintas leyendas e historias. Dentro de la religión cristiana esta es una conmemoración que según escritos está asociada a Valentín de Roma, sacerdote que desafiaba al emperador Claudio II para unir a las parejas enamoradas ya que este pensaba que los hombres debían ser libres de corazón para servir mejor como soldados, pero como era de esperarse, esta acción no complació al emperador y ordenó la muerte de Valentín un 14 de febrero del año 207. Y ese es el origen de la fecha para la actual celebración.

Esta fecha es representativa para celebrar el amor en todas sus formas: en una relación de pareja, con amigos o con la familia; así como a las buenas acciones que estos sentimientos generan, pero ¿cómo reconocer estos nobles sentimientos?, ¿cómo volver tangible lo etéreo? Definitivamente este es y ha sido un gran dilema a lo largo de los años, propio de debates filosóficos y hasta biológicos. Poder establecer estos sentimientos “dentro” de los seres vivos ha sido una tarea compleja y se han hecho muchos estudios para identificar dónde se ubica el amor como emoción en los seres vivos.

En nuestras relaciones debemos terminar con la falsa idea de “quien bien te quiere te hará llorar”; el amor no lastima, no discrimina y por supuesto no mata.

El hipotálamo (en el cerebro) tiene un papel sobresaliente en cuanto a lo biológico se refiere y la liberación de diversos neurotransmisores como la serotonina, la oxitocina, la adrenalina, entre otros, y estas sustancias nos llevan a actuar de una u otra forma en las distintas relaciones que establecemos y con base en las distintas experiencias por las que atravesamos a lo largo de nuestra vida; por lo tanto, también podemos hablar del amor como un “algo” relacional, ya que es en la convivencia con los otros o en la distintas actividades dónde reconocemos esta respuesta.

El amor no sólo entra por el estómago como decían las abuelas. El amor puede ser “detonado” por todos los sentidos. Ver el mar por primera vez, oler las flores, estar cerca de tus mascotas, sentir la mano de un ser querido o escuchar los sonidos alrededor, indudablemente venga de donde venga el amor es algo intangible que puede ser expresado y visibilizado a través de nuestras acciones, las cuales deben estar sustentadas siempre en el bien común, en el no lastimar a otros intencionalmente. El amor debe ser expresado en la forma más pura y saludable desde “el corazón” (románticamente hablando). En nuestras relaciones debemos terminar con la falsa idea de “quien bien te quiere te hará llorar”; el amor no lastima, no discrimina y por supuesto no mata. Este se vive intensamente aún con su complementariedad (el desamor) que también ha sido objeto para hablar del amor (paradójicamente) y que además, está expresado a través del arte, en canciones, poemas, pinturas o esculturas, pues el arte es otra forma de visibilizar lo intangible y transmitir aquello que pocas veces se puede decir con palabras.

Al final, hablar del amor siempre será un tema controvertido y polémico, pero presente en la humanidad, en esa humanidad preocupada por restaurar la fe guiada por la esperanza de un mundo mejor.

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