La primera celebración del Día Internacional de la Mujer sucedió el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza y su conmemoración se extendido desde entonces a otros países y continentes. Pero se institucionalizó hasta 1975, cuando la ONU declaró al 8 de marzo.

Tuvieron que suceder muchos acontecimientos desastrozos, en los que se perdieron vidas de mujeres (pidiendo igualdad frente a varones en la sociedad), para que en la actualidad se cuente con una fecha conmemorativa y algunos derechos ganados. Aunque puede ser un día para celebrar que se tienen esos derechos, no es un día para festejar el hecho de ser mujeres, sino para recordar la historia

Hace mucho dejé de ver televisión, en especial noticieros (me parecen en su mayoría alarmantes y tendenciosos). Además provocan en mí una incomodidad sobre el mundo, por lo que a veces prefiero evitar, para no vivir desesperanzada. Lo mismo me ha sucedido últimamente al leer, en redes sociales, sobre feminicidios.

No sé qué pensar. Muchas veces supongo que he tenido suerte, si “suerte” de «no haber sido yo esta vez». La vida de nadie debería estar sujeta a la suerte; pero las altas probabilidades de sufrir secuestros, violaciones y hasta feminicidio me hacen pensar eso. Lo considero porque muchas mujeres salen solas a cualquier hora, al mercado, al cine, a reuniones con amigas o amigos; citas para las que llegamos a buscar un horario tipo «toque de queda» (fuera de peligro). Sin embargo, lo cierto es que, hoy en día, el peligro puede manifestarse a las 3 de la tarde, por ejemplo. Alguna vez, un sujeto en el transporte público intentó tomarme fotos debajo de mi vestido a eso de las 6 de la tarde y cuando me defendí ante su acoso, me respondió: “cálmate, que si se me da la gana te meto en una bolsa y te llevo”.

En ocasiones, también me invade la rabia, contra el mundo, contra la cultura.. contra los hombres; una rabia que siempre se acompaña de miedo y frustración paralizante.

Por eso comprendo que muchas mujeres salgan a las calles y pidan justicia. He pensado mucho en cómo cuidarme, pero también me parece importante buscar tranquilidad y seguridad. Por ahora he pensado en la importancia de apostar por la educación. Quisiera pedir educación para todas y todos, en derechos humanos, en perspectiva de género, en buen trato, en responsabilidad afectiva, en gestión emocional y otras más.

Me gustaría terminar este escrito con una invitación a la sororidad. Este término surgió en el feminismo. Marcela Lagarde en 1997 lo describió como “una forma de actuar cómplice entre mujeres”. Se trata de una alianza entre nosotras, con reconocimiento recíproco de la autoridad, apoyo y confianza. No solo se trata de un acuerdo con las amigas, es una actitud política en protesta a la sociedad patriarcal. Desde esta postura, podemos modificar la forma en la que nos relacionamos, pero también la forma en que el mundo se relaciona con nosotras.

Comparto algunos tips sororos:

  • Comienza por ti, por no juzgar tu cuerpo ni compararlo con el de otras mujeres.
  • No descuides a las mujeres cercanas a ti, incluso si ellas se descuidan.
  • Genera conversaciones de auto cuidado en lugar de autocríticas (a menos que sean constructivas).
  • Se una mujer a la que una amiga le llama si necesita hablar, aunque haya tomado decisiones que la pusieron en riesgo, porque la cuidarás en lugar de juzgarla o regañarla
  • Cuídate y cuida a otras mujeres de juicios estereotipados y machistas como “eres una histérica” y calificativos denigrantes que normalizan la violencia entre nosotras como “zorrita”.
  • No dudes ni minimices cualquier tipo de acoso o violencia contra ti u otras mujeres.

La sororidad no se trata de que todas las mujeres deban ser tus amigas, se trata de que todas las mujeres merecemos ser respetadas.

No estoy muy segura de cuantas veces más se tenga que decir. Me alegra ya escucharlo y leerlo por ahí,  y me alegra saberlo: tenemos derecho a vivir sin violencia, pero también la posibilidad de hacer que suceda.

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí