5 preguntas sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad o TDAH

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1.- ¿Existe el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad o lo inventan para vender medicamentos?

Para contestar esta pregunta es importante saber cuál es la diferencia entre un trastorno o una enfermedad, ya que el primer diagnóstico implica un nivel de disfunción conductual o cognitiva. Es decir, la persona sufre o adolece porque su conducta o su capacidad de conocer no le permiten una buena vinculación con su entorno social. La enfermedad por otro lado, es un diagnóstico que parte de una disfunción orgánica; por eso nos enfermamos del corazón, del hígado o de los huesos, incluso del cerebro, pero no de las emociones, o de la conducta, sino que estas se trastornan. Y por la misma razón se ha llegado a considerar el término “enfermedad” mental como inapropiado. 

Por lo tanto, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, cuyas siglas en español son TDAH, es un fenómeno que se atiende a partir de una disfunción a nivel cognitivo y conductual. Y para su tratamiento se cuenta con herramientas y estrategias distintas que incluyen principalmente la psicoeducación a padres y maestros, la terapia y la medicación.  Y por eso no se construyó este síndrome para vender medicamentos, más bien, los medicamentos se probaron como una alternativa para mejorar la funcionalidad de los pequeños que padecen el TDAH, y funcionaron.

2.- ¿Por qué se usa un “estimulante” para calmar al niño?

Si bien los tratamientos que se utilizan para atender el TDAH son, en la mayoría de los casos, sustancias que actúan sobre los sistemas de adrenalina-noradrenalina, debemos tener en cuenta que sus efectos son a nivel del sistema nervioso central, y no del sistema nervioso periférico. Esto es importante porque los sistemas de adrenalina-noradrenalina a nivel del cerebro tienen un papel crucial en nuestras competencias cognitivas y conductuales, sobre todo durante el neurodesarrollo temprano. Es por ello que se presenta un aparente efecto paradójico, y el resultado del uso de medicamentos de esta naturaleza en niños con TDAH disminuye la hiperactividad al tiempo que mejora la atención.  Bajo este razonamiento,  resulta poco sensato pensar que el TDAH va a mejorar con vitaminas o complementos nutricionales que no tienen una implicación directa en tales vías neurológicas. 

Para ponerlo con otras palabras, a un niño con TDAH se le pueden dar complementos vitamínicos y nutricionales, y a los niños que no tienen TDAH, también. ¿Por qué discriminarlos? Sin embargo a un niño sin TDAH no se puede, ni debe medicarse.  

3.- ¿El niño se vuelve adicto a los medicamentos?

No, de hecho la anécdota que seguramente puedo compartir con muchos colegas es que durante la adolescencia cuesta mucho trabajo que los chicos con TDAH sean regulares con sus propios medicamentos. 

Sin embargo, en la actualidad el TDAH se acepta como una condición, que si bien se modifica a lo largo del desarrollo, acompaña al paciente durante toda su vida, lo cual explica por qué las recomendaciones vigentes proponen que el tratamiento para el TDAH se considere más allá de la infancia o la adolescencia.

En este sentido, propongo la siguiente analogía para entender mejor la recomendación de tratar el TDAH aún en vacaciones y días festivos:

Cuando una persona con miopía usa lentes para resolver su problema visual, sabe que al retirarlos la miopía regresará. No hay más. Si un niño con TDAH deja de tomar su medicamento la hiperactividad y/o la inatención volverán, porque en ambos casos, tanto en el de la miopía como en el del TDAH, hablamos de condiciones que acompañan al paciente todo el tiempo, y que solo se resuelven al aplicar el tratamiento. Ya sean los lentes para el primer caso o las pastillas para el segundo.

4.- ¿El TDAH es genético o ambiental?

Para responder esta pregunta usaré un concepto utilizado en genética, la heredabilidad. Este dato no es solo usado para los trastornos psiquiátricos, sino también para padecimientos médicos de otras especialidades.  En el caso del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad la heredabilidad reportada ronda consistentemente el 80 %. Lo cual significa que ocho de cada diez casos de paciente diagnosticados con este problema podemos atribuirlos, con mucha seguridad, a factores genéticos. 

Aclarando que esto no significa que la psicoeducación y la terapia como apoyo al trastorno no sean importantes. Por otro lado, podemos empezar a defender a todas estas mamás que son atosigadas por las suegras, o incluso por la misma sociedad, quienes les reclaman por no “educar adecuadamente” a su hijo. Cuando en la gran mayoría de los casos, el apoyo farmacológico es fundamental para que el pequeño se pueda involucrar en una dinámica de psicoeducación y terapia satisfactorias.

En otras palabras, tanto los niños con TDAH como los que no tienen el diagnóstico se benefician de la implementación de límites y recomendaciones ofrecidas en la psicoeducación y en terapia.  Pero para los primeros va a ser difícil integrarse a otros tratamientos sin la base del apoyo farmacológico.

5.- ¿Quién debe hacer el diagnóstico de TDAH?

Definitivamente el profesional entrenado para hacer el diagnóstico es un psiquiatra, o mejor aún, el paidopsiquiatra. Si bien podemos involucrar a otros profesionales como el neurólogo, o el neuropediatra, sobre todo para descartar patologías orgánicas. Los psiquiatras son indispensables, no solo para confirmar el diagnóstico, sino para descartar problemas que puedan confundirse con TDAH, como la depresión y la ansiedad en la infancia o en la adolescencia, así como otros problemas como los trastornos del espectro autista. 

En este punto me permito recalcar que la formación del psiquiatra y del paidopsiquiatra está enfocada en ofrecer tratamientos a partir de la evaluación de conductas, emociones y pensamientos. Mientras que la de los neurólogos se enfocan predominantemente en diagnósticos cuyos fundamentos son orgánicos, anatómicos o fisiológicos. Por eso los psiquiatras diagnosticamos trastornos y los neurólogos enfermedades.

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